Jona Umaes

La esquela

          Era domingo. Me encontraba leyendo el periódico. Acostumbraba a comprarlo en papel solo ese día para dar descanso a la vista de la pantalla del móvil. Nunca me detenía en las últimas páginas, donde vienen los anuncios y esquelas de los fallecidos, pero ese día, no sé por qué, me entretuve leyendo esas hojas. Un recuadro coronado por una cruz negra y las líneas que contenía hizo que algo se removiera dentro de mí. La mente se me fue veinte años atrás, cuando cursaba primero de la ESO. Diego y yo éramos como hermanos. Nuestra relación se extendía más allá de las clases y nuestras familias tenían contacto regularmente. Al ver su nombre en el papel era como si me hubieran quitado un trozo de mi vida.

          Con los años, cada uno tiró por su lado y aquella amistad quedó anclada en el pasado. Al final del recuadro negro había una indicación de la fecha y el lugar del velatorio. A pesar de haber pasado tantos años sentí que debía despedirme de él y dar el pésame a la familia. El sepelio era aquella misma tarde. Después de la siesta me dirigí al cementerio. El cielo plomizo y el gélido viento era la estampa perfecta para un día de difuntos. Tras la misa, parientes, amigos y allegados se agolpaban en la puerta de iglesia con rostros sombríos y ojerosos. No me fue difícil localizar a la viuda. No la conocía, pero el goteo constante de gente acercándosele para dar el pésame me llevó a ella.

 

—Lo siento mucho. Diego y yo éramos uña y carne.

—Gracias. ¿Y usted es?

—Perdón, no me he presentado. Me llamo Carlos. Su marido y yo estudiamos juntos en el instituto.

—¿Carlos? Nunca me habló de nadie con ese nombre.

—Bueno, hace muchos años de eso. Su familia y la mía tenían buenos lazos de amistad. Recuerdo una vez que el padre de él nos llevó a ver un avión de la segunda guerra mundial que había en el museo del aeropuerto. Trabajaba allí.

—No lo entiendo. Parece que me esté hablando de otra persona. El padre de Diego era militar.

—¿Militar? ¿Estamos hablando del mismo Diego García Bermúdez?

—Pues por lo que me dice, pareciera que no. Disculpe, mi prima quiere saludarme.

 

          Me hice a un lado. Todo aquello me parecía muy extraño. Aún estuvieron un buen rato en la entrada del templo. Mientras, intentaba hacer memoria de mis días de estudiante. Cuando comenzó a disolverse la aglomeración, yo me dispuse también a abandonar el lugar. Entonces fue cuando noté como una mano me apretaba el brazo.

 

—Disculpe. Lo que me ha contado me da curiosidad —dijo la mujer de Diego—. Si le apetece, pásese por el restaurante y me sigue contando.

—Bueno, no conozco a nadie. Me encuentro fuera de lugar.

—No se preocupe por eso. Aquí tiene la dirección de la merienda.

—Se lo agradezco, intentaré acercarme.

—Claro. Diego hubiera querido que asistiera.

 

          Volví a casa sin tener intención de acudir al ágape, pero la breve conversación que había tenido con la mujer de mi amigo me tenía intrigado. En casa, no paraba de darle vueltas al asunto. Al final, después de un rato indeciso, cogí el coche y me acerqué a donde estaban reunidos. Algunas mesas ya se encontraban vacías. Había pasado un buen rato desde que me fuera del cementerio. Pedí un café en la barra.

 

—Al final ha aparecido —dijo una voz tras de mí. Me volví y allí estaba la viuda de Diego con el rostro descompuesto del llanto que sin duda no había cesado en aquella reunión.

—Sí, me he sentido obligado, dadas las circunstancias.

—¿Le importa si le acompaño?

—Claro que no.

 

          Le dije que me hablara de Diego. De cómo había sido su vida desde que lo conociera. Me contó que daba clases de matemáticas en el instituto y una serie de cosas que para nada encajaban con quien yo conocí. Pero me gustaba escuchar esa historia en la voz de aquella mujer rota y que no derramó ni una sola lágrima mientras lo hacía. Observé que le sentaba bien hablar, y parecía que hacerlo con un desconocido era lo que necesitaba. Ya había derramado bastantes lágrimas con los familiares. A su vez, yo le hablé de los años que pasamos juntos. Ella hacía muecas de extrañeza por momentos, como si lo que yo le contaba no encajara con el carácter de Diego. Pero no me interrumpió, parecía agradarle escuchar sin más y evadirse por unos momentos de la cruda realidad que le había tocado vivir.

          Cuando nos despedimos, ambos sabíamos que su marido y el Diego que yo conocí no eran la misma persona a pesar de tener el mismo nombre. No sé por qué, pero le pedí su número de teléfono. La conversación me había resultado agradable. Ella se sorprendió. Estaba fuera de lugar. Después de quedárseme mirando unos segundos sin decir palabra, sacó una tarjeta de su bolso y me la dio. Se despidió con un “Ha sido una charla agradable” y volvió con sus familiares.

          Todo aquello hizo que de inmediato indagara por internet en busca de mi amigo. Resultó que había varias personas en la ciudad con el mismo nombre. Nunca me había parado a pensar en aquella posibilidad. Así fue como localicé a mi antiguo amigo. Nos reunimos y charlamos de los viejos tiempos. Le conté lo sucedido con la esquela y nos hinchamos a reír entre bromas y cervezas.

          Aquel incidente no solo hizo que recuperara una vieja amistad. Habían pasado varios meses desde el entierro y, por casualidad, encontré la tarjeta que me había dado la mujer del difunto Diego. Sin pensarlo, cogí el teléfono y la llamé. Ella tardó en reaccionar. Hacía mucho tiempo que habíamos hablado. Era una mujer joven, aún tenía mucha que vivir y su talante al hablar era animado. Le conté que había encontrado a mi amigo Diego y nos reímos un rato de aquella confusión que nos hizo conocernos. Le dije de quedar un día para tomar un café y me contara qué era de su vida.

          De esa forma fue como comenzamos una amistad que con el tiempo desembocó en una relación más seria. Y todo gracias a una esquela que llegó a mis manos, quizás porque así tenía que ser. A veces el destino nos tiene guardadas sorpresas agradables. En mi caso, pude recuperar una vieja amistad y ganar un amor.

 

 

 

 

 

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Published on e-Stories.org on 11/30/2021.

 

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