Amparo Iglesias

Chica conoce chico.

De verdad que no quiero oírtelo decir.
Ya se lo bonito que suena un te quiero 
hasta cuando no es sincero.
Ya se como le sientan esas sílabas
de mierda
a tus labios de paraíso
entre nuestros planes de vertedero.
Y no sigas,
porque al final voy a enamorarme
de todo lo que no eres.
Después tendré que curarme,
y han sido tantos los desastres
que necesito una tregua.
Pero no me hiciste caso.
Seguiste murmurando mi nombre
entre gemidos
como un Bécquer de este siglo.
Cuando quise frenar la marea
el agua me llegaba a las orejas
y debajo mil sirenas
me arrastraban al naufragio.
Pero tú seguías sin verlo nada grave;
un poco de vino
y alguna verdad mal contada
disuade cualquier duda.
"Pero no te preocupes" decías
"que toda esta melodía 
dura sólo un par de días".
Un par de días a dieciséis polvos
en ascensor
a veinticinco películas de terror
y a algún poema en francés
de los que nos hacían enredar los pies.
Como todo lo catastrófico
se alargó un poco más de lo debido
y terminamos protagonizando
hipotecas sentimentales
y polvos con demasiado amor.
Se nos olvidó el follar.
Atada de pies y manos
pero sin sexo duro de por medio, tropecé.
Pero que bonito eras desde el suelo.
Supongo que no hay nada peor
que ser consciente
de que no te queda combustible
y aún así, poner en marcha el motor
y despegar.
Sin frenos, sin reservas. Sin ti.
Como respirar con un par de manos
que te aprietan el cuello.
Y se de lo que hablo.
Que cuando se trata de ti
nunca hablo por hablar.
Había unos cuantos textos que advertían
del peligro de salir con una chica que lee
pero nada decían sobre los chicos
que interpretan lunares
y saben recitar de memoria poesías
sobre la fugacidad del tiempo;
nada decían de los chicos
con tatuajes ocultos
y azoteas desde donde divisar
el cielo de Madrid.
Nada decían de los chicos que te follan
con canciones y te hieren con huidas.
Y sin cartel de:
"Prohibido pisar el césped" 
todo el mundo pasea sus zapatos por allí.
Y tú no llevabas cartel
ni advertencia
ni libro de instrucciones.
Así que en un par de copas de nada
y unos cuantos besos de vino,
los días pasaron a ser años
y los años acumularon daños.
Hasta que las heridas
asomaban a dar los buenos días
y cuando llegaba la noche
las muy cabronas seguían ahí;
y eso no hay botiquín que lo cure.
Así que, si eres tan amable
déjame que descubra como salir
de todos tus refranes
que me he cansado
de ser tan predecible;
que ahora
sólo quiero tirar monedas a un vertedero
y pedir que no se cumplan
ninguno de mis deseos.

Empezando por ti.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Amparo Iglesias.
Published on e-Stories.org on 03/23/2014.

 

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