Aaron Cruz Morales

Paranoia

Desde pequeña siempre sentí que alguien me observaba, que me seguía a donde quiera que yo fuera, que me acosaba; sin embargo los adultos me decían que solo era mi imaginación, que no había nadie detrás de mí y que ninguna persona me estaba acosando; pero eso era mentira.
Cuando llegue a la adolescencia eso empeoro. Siempre me sentía vigilada por alguien que no podía ver, y siempre vivía con el miedo de descubrir quién y por qué lo hacía.
Mis padres al principio solo se conformaban con decir que había visto demasiada televisión o que había jugado demasiados videojuegos y por eso me sentía así; pero poco a poco fueron preocupándose más al ver que mi estado de constante miedo y nerviosismo no mejoraba.
Yo esperaba que al notar mi temor en todo momento al sentirme observada por ese ser que no se deja mostrar, me ayudarían a descubrir quién era mi acosador; pero mi decepción y temor aumento cuando me llevaron con un psicólogo por miedo a que tuviera algún tipo de trastorno mental.
La desesperación comenzaba a apoderarse de mí con cada día que pasaba. Aquel charlatán que se hacía pasar por medico solo me repetía una y otra vez que eso estaba solo en mi mente, que era mi imaginación, pero era una completa mentira; pero parecía ser que ni él ni mi familia comprendería realmente lo que estaba ocurriendo.
Poco a poco el temor se fue convirtiendo en terror cuando aquel que no se dejaba ver no me permitía estar sola ya en ningún momento. No podía estar con algún chico, mis amigos o ni siquiera lograba tomar una ducha tranquila sin sentir la horrible mirada de mi acosador sobre mí.
Todo se volvió tétrico cuando el médico recomendó que comenzara a tomar pastillas para calmar mis miedos; querían mantenerme en un estado de inhibición para poder estar dócil, tranquila, como una oveja en el matadero; ellos solo querían drogarme.
Durante un tiempo me obligaban a tomar esas asquerosas pastillas que solo me mantenían constantemente mareada y provocaban que mi mente divagara más de lo normal, haciéndome imposible saber que pasaba a mí alrededor. Era simplemente horrible, era como estar atrapada dentro de un sueño en el cual no puedes por más que lo desees no puedes salir.
Durante la noche tenía que tragar tranquilizantes para así hacerme caer en un sueño involuntario; como un tranquilizante a un oso.
A pesar de la tétrica manera por tratare de tranquilizarme por medio de pastillas yo aun tenia terror hacia mi acosador, y su mirada se hacía cada vez mas y mas continua y amenazadora.
Es entonces que hace apenas un par de horas sucedió lo único que podía empeorar la situación. Al no haber una supuesta mejoría en mi, el médico recomendó que fuera trasladada inmediatamente a una clínica de rehabilitación mental.
Al escuchar la horripilante idea y al ver a mis padres resignados, pensando que era la mejor opción mí ser se lleno de un temor y una furia que jamás en mi vida había experimentado antes.
No podía aceptar la opción de ir a un hospital psiquiátrico, así que opte por la única opción que tenia… escapar.
Corrí inmediatamente para salir del hospital, y a pesar de los intentos por detenerme fue inútil, logre salir de ahí. Después de eso corrí tan rápido como mi cuerpo me lo permitía.
Sabía que mis padres estarían tras de mi así que decidí esconderme en un terreno baldío que se encontraba cerca de la carretera continua al hospital.
Después de esperar un par de horas decidí salir de mi escondite y caminar hacia la carretera que se encontraba cerca de aquel lugar.
Sabía que no podía volver a casa porque entonces terminaría en un manicomio, pero tampoco podía intentar huir por qué entonces mi acosador estaría siempre ahí, esperando.
Fue entonces que me di cuenta de la triste y deprimente realidad de ese momento, no tenía otra opción más que dejar de existir en este mundo; mi única opción era el suicidio.
Como aun cargaba con mi celular decidí hacer una última llamada a mis padres. Ellos contestaron de manera alarmada preguntando donde estaba; les explique que estaba a salvo, pero que mi única opción era dejar este mundo para siempre; les dije que los amaba y les indique donde sería mi último lugar viva en esta tierra para que encontraran después mi cuerpo sin vida.
Fue después de esa deprimente llamada, en la cual las lagrimas corrieron por mis mejillas al ser aquella la última vez en escuchar la vos de mis padres, que me dirigí al lugar donde mi vida terminaría.
Y es ahora que me encuentro aquí. En el filo de un puente a 20 metros del suelo en la carretera.
El atardecer comienza a aparecer y los matices naranja amarillo que se proyectan en el cielo no podrían describir mejor este doloroso momento en el que decidiré quitarme la vida.
Me coloco de espaldas hacia el abismo para no ver el suelo al caer; y es entonces que decido solo dejar que mi peso caer hacia atrás, hacia mi muerte.
Antes de caer de manera abrupta observo un extremo del puente y veo a alguien… a mi acosador.
En una milésima de segundo mi piel se eriza y un desconcierto recorre mi ser mientras caigo al vacío al ver que mi acosador en realidad era yo.
 
 

 

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Published on e-Stories.org on 03/23/2014.

 

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