Diana Kappou

Recuerdos2

Solo guardo recuerdos porque las cosas no me sirven, se ponen viejas y se rompen.
Los guardo en un pequeño cofre, algo gastado y desteñido por el tiempo.
Guardo recuerdos, aunque la cuerda de mi memoria sea tan lenta como el pasar de las horas en esta tarde lluviosa.
Simplemente llueve, pero frente a mí hay un papel en blanco y una pluma gastada que ya su tinta se desvanece, como a veces se desvanecen las palabras.
Sentada en un sillón, donde mi cuerpo se esparce como las nubes en el cielo, estoy arrimada a la ventana mirando el jardín de la casa, que pareciera estar siendo bombardeado por millones de meteoritos, que se funden al llegar al suelo y se infiltran en la tierra.
Pero simplemente es la lluvia, que sin ningún otro motivo mas que climático, moja los techos viejos y nuevos de las casas, los perros y gatos y algún paraguas rajado por el tiempo.
También produce sonidos variados y rítmicos en las latas puestas debajo de las goteras.
Esta lluvia que hace crecer los campos y riega los jardines de las casas, es también la que moja a aquellos que no la tienen.
Debo escribir algunas palabras alegres, pero hacia donde miro no existen.
Entonces cierro los ojos, como buscando un lejano recuerdo.
Era tan lejano este recuerdo que a la cuerda de mi memoria ya le quedaban pocas vueltas, tal vez solo las vueltas para volver.
Pero no me importó, quería retener esa imagen feliz de mi infancia, aunque tuviera que gastar todas las vueltas, aunque luego ya no me quedara memoria de nada.
Me vi correr, intentando y fracasando una y otra vez pero sin rendirme, remontar un barrilete de colores variados y brillantes, que si bien solo se elevaba unos centímetros del suelo, me hacía feliz y me llenaba de esperanzas.
Por un momento me pregunté si esas esperanzas serían las mismas que me trajeron hasta aquí o si murieron al ser esclavas de mi adultez.
De pronto me encontré flotando, sintiendo como el aire cálido del verano rozaba mis mejillas. Mi cuerpo se sentía liviano como una pluma, pero resistente a la fuerza del viento que golpeaba mi pecho.
Mientras intentaba dilucidar el horizonte una extraña fuerza me empujaba hacia la tierra, al mirar hacia bajo caí en la cuenta de que yo era ese barrilete y alguien me controlaba.
A medida que los árboles y las casas aumentaban su tamaño, la tierra se veía cada vez más cerca y su rostro me era más nítido y familiar, pero una ráfaga me levanto bruscamente y cortó el cordel.
Volví con la última vuelta de mi memoria, casi dejo de recordar quién era y que estaba haciendo.
Aún llovía, pero la hoja frente a mí ya no estaba más en blanco, así que tomé mi cabeza, entrelacé mis dedos en el polvo gris plata y cerré el pequeño cofre de mis recuerdos.


Diana Kappou, 2016 (reversión de “Recuerdos” de 1997)

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Diana Kappou.
Published on e-Stories.org on 01/06/2015.

 

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