Peter Spiegelbauer

Digo que S

Cuando empecé a explorar los orígenes de todo lo que forma mi ser, mi manera de ver las cosas y mi mundo en general, quedaba ciego.

Ciego ante la verdad. Ciego ante los demás y sus actitudes. Mi mensaje era claro y sin embargo, irrealizable en sí mismo. La regla que dominaba mi vida entonces era: ¡Realízate a ti mismo y por lo tanto mejórate!

Pero ¿cómo puedo encontrar la esencia de mi ser? ¿Qué significa “mejor” en realidad? ¿Cómo puedo decidir lo que es beneficioso y lo que es perjudicial para mí y para mi desarrollo personal? ¿Qué influencia puede y debe ejercer mi entorno sobre mí y como actúo? ¿Cómo me transformo a mí mismo y cambio a los demás sin hacer daño, limitar, mentir, matar, destruir?

Estas como otras preguntas me impulsaron. Me impulsaron a salir en una búsqueda global de respuestas. Las respuestas a muchas de estas preguntas, que todavía datan de una época en la que “encontré a mí mismo”, ya las tengo desde hace mucho tiempo. Pero para mí, el hecho es que a pesar de todas mis experiencias y conocimientos, todavía estoy lejos de llegar a mi destino. Sin embargo, para empezar, reflexionar sobre la pregunta ¿Qué significa “vivir”?, debe tener prioridad.

He llegado a la conclusión de que cualquier persona que se lo pregunta ya está lista para ponerse en camino donde encontrar al final la respuesta a esta cuestión más existencial de todas. La respuesta está dentro de nosotros. En nuestras decisiones, en nuestro desarrollo personal, en nuestra forma de expresión. Desde el día que nacemos, estamos ocupados con la comunicación con nuestro entorno – sin embargo, dejando fuera la persona más importante de todos: nosotros mismos. Satisfacemos nuestras necesidades. Conseguimos y aumentamos nuestra riqueza. Interactuamos con nuestro entorno con el fin de lograr, construir, crear. Pero ¿para quién o para qué hacemos todo esto?

Algunos dirían que para Dios. Otros dirían que para nuestros queridos. Sin embargo la verdad es más simple. Creamos nuestros propios mundos en los que nos movemos para nosotros mismos y poco a poco perdemos tiempo de vida. Aceptamos este hecho – ya sea conscientemente o inconscientemente – día tras día. En caso de que tuviéramos la desgracia de encontrarse un día a alguien que nos pregunta: ¿Quién eres realmente?, no sabríamos qué decir.

Nosotros no sabríamos quiénes somos. No sabríamos por qué valemos tanto para arriesgar circunstancias casi mortales, sólo para actualizar nuestras potencialidades, todavía no sabiendo quién realmente somos.

Al llegar a este mundo, somos libres. Libre de restricciones, libre de prejuicios, libre de reglas o leyes, libre de todo lo que después nos imponemos a nosotros mismos a lo largo de nuestras vidas, sólo para luego emplear mucha energía en despojándose de ello, como de una segunda piel.  A medida que nos hacemos mayores, más nos damos cuenta de que nuestros padres y sus padres han actuado exactamente de la misma manera cuando habían llegado a nuestro nivel de conocimiento.

Por último, sólo queda una pregunta: ¿Qué vamos a hacer si ya no tenemos a nadie en nuestras vidas que sepa más que nosotros? ¿Si no nos queda a nadie a quien podemos pedir consejo o que nos ofrece refugio cuando nuestra vida y nuestra existencia nos dan un golpe, nos ahogan y nos aplastan? Pero incluso estas preguntas pueden ser contestadas.

Por extraño que parezca, es la misma respuesta que encontramos, cuando entendemos la esencia de nuestra naturaleza en toda su inmensidad. Y cuando esto se haya pasado, no hay más angustia. No hay limitaciones, no hay ni más miedos ni ira ni desconfianza. Ya que en ese momento nos hemos dado cuenta de que el milagro de la vida se encuentra dentro de nosotros mismos.

Vivimos en un tiempo en el que conceptos como el amor, la honradez, la fortaleza, la sinceridad y la unidad, ya no tienen sentido. Al igual que las fotografías descoloridas de otra época olvidada hace tiempo, aún siguen siendo de alguna manera presentes en nuestras vidas, apareciendo de vez en cuando para recordarnos su existencia. Pero ¿qué significan realmente estos conceptos? Y lo que es aún más importante ¿qué es lo que significan para nosotros personalmente y nuestro camino? Muchas personas reflexionan sobre estas y otras preguntas, conscientemente o inconscientemente, día tras día. Sin embargo, ¿también estamos dispuestos a ir por este difícil camino de la iluminación y trabajar para encontrar las respuestas a estas preguntas?

Yo digo que SÍ. SÍ, a las personas cuya ambición es no sólo conectarse con sí mismo, sino también con los demás y comunicar con ellos. Digo que SÍ a las personas que están dispuestas a tomar decisiones para el bien de todos y también están listas para vivir con las consecuencias. Digo que SÍ al “NOSOTROS”. Digo que SÍ a mi camino. Digo que SÍ a tu camino. Digo que SÍ a la vida.

 

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Published on e-Stories.org on 02/26/2015.

 

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