Mario Palacios Lepore

Amor Cósmico

Del silencio absoluto, del vacío universo, nació sin previo aviso. Hija del Dios y la Diosa del Cosmos. Con una gran explosión de proporciones nunca antes vistas, fue como se originó su existencia. Nacida con ojos muy especiales, se podía ver la inocencia y el poder que salían de ellos, brillaban tanto que podían iluminar una pequeña parte del Universo, en ese momento se les ocurrió el nombre perfecto para ella, su nombre sería un nuevo termino para definir algo brillante, imponente, poderoso y hermoso, –Solaris– susurró su madre, y su padre al momento de escucharlo no pudo evitar esbozar una gran sonrisa en su celestial rostro, su madre la puso entre sus brazos y le dijo al oído –tu, mi amor, serás el tesoro que algún día haga brillar al universo con tu maravillosa creación, ahora solo falta esperar a que seas suficientemente mayor para poder inundar con tu luz este basto universo que hoy, tus padres, te damos para que ilumines, puedes decorarlo a tu gusto, mi niña, pero siempre recuerda que nadie tiene derecho a lastimarte para cumplir sus cometidos, siempre debes tener fe en los demás, pero, cuando el camino se vea arriesgado y esa luz en tu corazón te diga que te detengas, debes hacerle caso, porque tu brillante corazón sabe que el peligro se avecina aun cuando faltan eones para que éste muestre su asquerosa cara, así que confía en tu corazón mi amor, siempre confía en el- dijo su madre soltando una lagrima que recorrió todo su rostro, no porque estuviese triste, sino porque no podía contener la felicidad que salía de su corazón al ver a su pequeña fuente de luz en sus brazos.
No fue sino hasta después de que Solaris aprendió a hablar que sus padres pudieron conocer su maravillosa capacidad. Su madre, mimando y haciéndole cariñitos a su hija, provocó una risa bastante grande, la risa de Solaris era bastante fuerte, y gesticulaba mucho al momento de reír y hablar. Al momento de esa risa tan fuerte su madre se dio cuenta que Solaris de repente titiló, ella siempre había emitido luz de su cuerpo, y a su alrededor estaba un halo brillante, pero, en ese momento, ese halo parpadeó, y su madre escuchó un sonido que no pudo identificar, se hacía más fuerte, como si algo fuese muy rápido y sin dirección, la confundida madre de Solaris observó con un resaltante asombro una figura totalmente desconocida para ella, pero no pudo evitar maravillarse por aquella fugaz y hermosa incógnita, era algo redondo y desde lejos se veía hecho de algún material sólido y extraño que viajaba a una velocidad increíble, y de él salía una estela de luz que a cada segundo, de alguna forma, se hacía más bella, y la hipnotizada madre no pudo dejar de ver esa maravilla recorriendo su universo, después de un par de minutos la figura se perdió para siempre en el infinito, iba en una línea recta hacia ninguna parte y al momento en que esa extraña aparición se desvaneció, una clara verdad se reveló frente a sus ojos, mientras miraba a su pequeña se dio cuenta de sus poderosas habilidades, y, sin dejar de apreciar el rostro de su hermosa hija, dijo: –mi amor, tienes la habilidad de crear a tu antojo, entonces tú, mi sosegada luz, podrás llenar nuestro universo con tus maravillosas flamas veloces, aunque hay que bautizar lo que acabamos de ver– su madre se quedó pensando unos segundos en el nombre, pero nada cruzaba su mente, como anhelaba que por su mente s! e aparec iera un nombre de la misma forma tan fugaz como la figura que recién se había presentado ante sus ojos, una idea de cómo nombrar a la misma que tanto la había maravillado, observo a su hija un momento y la vio moviendo su boquita de arriba hacia abajo, y de sus hermosos y relucientes labios salió por primera vez: –mamá– dijo la bebita, pero eso no era todo, apuntó en la dirección exacta de la figura antes vista –com… cometa– dijo la bebe riéndose, pero su madre supo que su hija, aunque con escasa edad, sabía perfectamente lo que había creado, aunque no supiera como, su bebita había empezado a llenar el universo.
Desde aquel así llamado “cometa” Solaris no se detuvo, otra de las sorpresivas creaciones de la brillante diosa fue mientras se encontraba con su padre, estaban recorriendo un pequeño sector del cosmos: -toda esta extensión algún día será llenada por ti, mi amor- le dijo su padre animando a su hija a crear más y más, y así fue, después de que su hija suspirara fuerte pero calmadamente, expulsó el aire y ante sus ojos se creó una figura redondeada, grande y fuerte, de un color verde brillante con ciertos rasgos azulados, se podían ver relieves extraños en la superficie del objeto, una cualidad bastante fácil de apreciar ya que era gigantesco, en el podrían habitar millones de criaturas, lastimosamente cuando bajaron a inspeccionar el terreno, estaba desierto, no había ninguna señal de vida, al parecer la talentosa diosa podía crear hábitats perfectos y hermosos para que muchos seres habiten en ellos, pero esos seres no estaban, ella no podía darle vida a los futuros habitantes de lo que ella bautizó como: “planeta”.
Luego de mucho tiempo la diosa creo muchos “astros”, así es como ella los llamaba para generalizar, en esos astros habían planetas, cometas, lunas, asteroides y también otras combinaciones de los mismos, como planetas rodeados de millones de trozos de otros astros y de lo que esos astros estaban hechos, como hielo, polvo y gigantescos trozos de cometas y asteroides, la primera vez que Solaris pudo apreciar uno de sus planetas rodeado por estos anillos no pudo contener la emoción y se dedicó a intentar crear uno por ella misma, después de tantos intentos, de crear planetas con lunas y asteroides gigantescos, al fin pudo crear un pequeño planeta con varios anillos rodeándolo, no pudo dejar de sentirse feliz por él, en ese planeta ella depositó su amor, su luz y su esperanza, haciéndolo más poderoso de lo que ella misma pudo llegar a saber.
Ese planeta sin nombre albergaba amor, calidez y también había heredado de su progenitora la habilidad de concebir, la cual, al juntarse con todos esos sentimientos de alegría y cariño, hizo que un plantea diera vida, fue un proceso inigualable, el mar del plantea era totalmente líquido, cosa que nunca había sucedido antes debido a que el frio del espacio congelaba cada depósito de agua que Solaris creaba, pero este caso fue distinto, y de ese mar, y de esa tierra submarina, se creó un figura alta, esbelta y un poco extraña, al verla no llamaba mucho la atención, pero su origen lo hacia el ser vivo más fascinante hasta ahora, con sus últimos esfuerzos de vida, el plantea le habló a su hijo por lo que sería la primera y última vez que se comunicaría con él. –hijo mío, has nacido del amor del que he sido cargada en mi hora de creación, y, aunque mi vitalidad es escaza, mi sapiencia es extensa, más que un consejo, una premonición te concederé, solo llámalo intuición maternal, tu destino es originar algo más grande que todos nosotros, algo hermoso que simbolizara más que el mundo para las futuras vidas del universo, pero, un precio deberás de pagar por ese regalo para las próximas generaciones, propiciaras sufrimiento y dejaras en abandono a alguien que significará mucho para ti, esto no es una advertencia, es el futuro, puedo verlo, solo ten cuidado con tus pasos. Mi hijo, bienaventurado seas y siempre sabrás que mis anillos no te abandonaran aunque estés a una vida de distancia. Adiós, adiós, la parca ya ha llegado a llevarme a mi cruel destino, bienvenido a la vida, disfrútala como yo nunca podré, hijo mío-. Esas palabras quedaron tatuadas para siempre en la memoria de él autobautizado, Tradere.  
Cuando Tradere se dio cuenta que estaba solo una depresión lo ataco repentinamente, y comenzó a llorar sin siquiera saber que era llorar, su madre había gastado toda su energía creándolo, no pudo haber sido más doloroso para el solitario hijo nacido de un planeta el haberse quedado solo en el vasto universo del que no sabía nada, se quedó sumido en su soledad, abrazando la tierra de la que había salido, llorando cuando estaba despierto y pasando a través de las recurrentes pesadillas mientras dormía. Cuando la tristeza y el pesar no lo visitaban, llegaba el miedo a su puerta destruyendo los segundos de calma que tuvo por un momento, el saber que cualquier cosa podría pasar, que podrían haber otros planetas vivos, que alguien o algo lo atacara y solo podría recordar el poco tiempo que duró su vida, que lo pasó llorando, sufriendo, agonizando y cayendo en pedazos debido a su inminente soledad. Mientras observaba el oscuro vacío del espacio, una luz, una flamante luz que paseaba por el enigmático paisaje se veía arriba, se preguntaba que sería esa bella incandescencia que deambulaba.
Invadido por la curiosidad decidió hacerle señas a la misteriosa figura brillante, después de un momento vio que se detuvo, se empezó a aproximar hacia él y la figura detrás del resplandor se hacía más clara a sus ojos, cuando vio más de cerca vio a la criatura más hermosa que alguna vez había visto, aunque era la primera criatura que alguna vez en su vida había visto, él sabía bien que era muy maravillosa tanto por dentro como por fuera, el hecho de haber vivido en penumbras tanto tiempo y al fin poder ver el suelo donde habitaba gracias a un ser vivo que se acercó a él, al instante se sintió cautivado por ese extraño ente luminoso que con el pasar de los segundos solo le encantaba más. – ¿Qué tenemos aquí? ¿Quién eres? – dijo Solaris siempre sonriendo y en tono afable. – Soy Tradere – titubeó, se sentía asombrado aunque intimidado por la criatura que tenía en frente. – oh, Tradere, es un nombre muy lindo, y dime, Tradere, exactamente ¿de dónde eres? – dijo la brillante diosa acercando su rostro al extraño ser. – pues de aquí, nací aquí, ¿y tú quién eres? –. – Yo soy Solaris, soy la diosa de todos los astros, creadora de planetas, cometas y asteroides, yo hice el suelo donde te encuentras parado ahora mismo – dijo la diosa sin intención de alarde. – ¿cómo lo hiciste? – preguntó Tradere, la diosa Solaris se sentó con él en la tierra y le explicó hasta el más mínimo detalle acerca de la conformación y creación del planeta donde estaban, aunque de esa explicación salieron otras millones de preguntas, las cuales Solaris estuvo dichosa de responder, le explicó hacia dónde van los cometas que vi! ajan tan veloces, que su curso puede cambiar, y como, y  por qué los cinturones de asteroides significaban tanto para ella. Luego de tantas explicaciones y risas él se sintió muy cercano a ella, pero no lo suficiente como para decirle que había nacido de uno de sus planetas, preferiría mantenerlo en secreto por ahora
Empezaron a estar juntos por mucho tiempo, siempre estaban hablando del universo y su conformación y discutían constantemente su falta de luz. – Quisiera hacer algo – dijo Solaris levantándose del suelo donde estaba recostada con su amigo. – Cada vez que me despierto siento que el universo está más oscuro, y eso no me gusta, quiero llenarlo de luz para que otras criaturas vivientes, como tú, puedan ver mis maravillosas creaciones, eso me haría infinitamente feliz –. Cada vez que tocaban el tema de la iluminación universal Solaris se deprimía y a la vez se llenaba de determinación, no le faltaban ganas de poder hacer resplandecer hasta los más oscuros rincones del cosmos, pero si la habilidad, no tenía idea de cómo podría hacer que su luz interior saliera. Tradere podía apreciar esa determinación, pero también era capaz de ver la frustración de la que se llenaba su única conocida y, no sabía por qué, pero le dolía, al ver a Solaris envuelta en pesar podía sentir lo que ella, pero en una forma más allá de empatía o el cariño, no sabía que era pero algo en su interior la hacía atesorar a Solaris de una manera muy especial, es como si cada vez que ella llegase el único astro que él puede ver es ella, cada planeta, asteroide o trozo de roca espacial se desvanecía y su belleza e importancia se marchitaba mientras Solaris solo se hacía más encantadora.
Después de un tiempo viéndose a diario Solaris quiso mostrarle uno de los lugares más especiales para ella, esa fue la primera vez que Tradere dejó su plantea, puesto que no tenía las capacidades físicas para salir de él, como Solaris, ella lo tomo lo de la mano y lo elevó hasta salir del campo gravitacional. – ¿estas ansioso por saber a dónde vamos? –. – honestamente no me importa a donde vayamos, solo porque voy contigo no puedo espera a llegar –. Dijo sonriéndole a la brillante chica, ella esbozo una gigantesca sonrisa, y así Solaris lo llevo por el vacío del universo mientras se preguntaba a donde lo llevaba, pero sin embargo no le importaba, viendo como ella estaba entrelazando su mano con la de él, mas nada pudo importarle en todo el universo.
Cuando llegaron a su destino Solaris le dijo, muy feliz, que se encontraban en uno de sus lugares favoritos en el universo. – Ahora mismo estamos de pie en la primera luna creada por mí, me hace muy feliz poder estar en un lugar tan especial, con alguien igual de especial –.  Tradere no pudo evitar sorprenderse y contentarse, sabía que este lugar significaba mucho para su querida y lo llevó específicamente a él. – Pues como tú creaste este lugar, eso me hace atesorarlo infinitamente, estar aquí contigo es el mejor regalo alguna vez dado por el universo hacia mí –. Solaris era la más feliz del universo en ese momento, se había dado cuenta por fin que los planetas que ella había creado, habían hecho un trato para que en uno ella encontrara a alguien que pudiese merecer estar en una luna con ella, Tradere estiro su mano y Solaris al verlo la tomo de inmediato, luego se tomaron de ambas manos, quedando frente a frente sin parar de mirarse a los ojos. – ¿sabías que las lunas giran alrededor de los planetas? –. Ella tampoco estaba muy segura de por qué dijo eso, pero se sentía un poco rara y penosa debido a la presencia de Tradere, habló por llenar ese espacio, pero ya estaba totalmente lleno solo con la presencia de ambos. Tradere haló uno de los brazos de Solaris hacia él y el otro lo alejo de él, hizo lo mismo de nuevo peor al contrario, y sin darse cuenta empezaron a  hacer ese movimiento raro juntos, empezaron a dar vueltas sobre esa luna – quiero que des una vuelta aquí para mí, mientras yo sostengo tu mano –. – ¿quieres decir que yo soy la luna que va alrededor de tu orbita? –. Luego de pensar unos pocos segundos Tradere se dio cuenta – no, en realidad soy yo, no la luna, el anillo que gira alrededor del maravilloso planeta que eres para mí, mi precioso brillo sid! eral &nd ash;. Solaris no pudo haberse sentido tan apartada del universo como en aquel momento, solo ella y Tradere estaban ahí, en la primera luna que ella creó, sin darse cuenta empezaron a acercarse lentamente, mientras ambos esbozaban una tierna sonrisa de amor sus labios se juntaban para dar a luz un tierno beso, su importancia era apreciable, mientras el beso seguía se vieron cientos de asteroides recorriendo el espacio iluminando a ambos por unos pocos minutos, en ese momento, en ese lugar, con esos seres, todos los astros estaban en armonía y cada sentimiento había sido alineado. Cuando su beso termino solo se quedaron mirándose uno al otro ahí levantados y antes de que se diera cuenta, la inundación de felicidad que tenía Solaris provocó que se derramaran unas cuantas lágrimas de alegría de sus brillantes ojos, y cuando Tradere lo noto, no pudo dejar de verlas mientras esas mismas lagrimas ascendían hacia el paisaje sideral, quedándose estampadas, brillando e iluminando ese pequeño trozo de universo – lo hiciste – dijo Tradere acariciando la suave mejilla de Solaris – pudiste al fin iluminar un pequeño pedazo del infinito universo, te amo tanto – Solaris solo se quedó ahí parada, llena de regocijo, y de sosiego, ella sabía que esa mezcla tan particular de sensaciones solo podía significar una cosa – Amor. Eso es todo lo que puedo sentir en este momento –. En la mente de Tradere también había mucho amor, él se sentía en sincronía con Solaris y en ese momento no podía dejar de pensar en lo feliz que ella era, eso le provocaba satisfacción, pero no pudo dejar ir un detalle,  la forma en la que esos puntos brillantes estaban ordenados, tal vez solo era su imaginación pero no pudo dejar de pensar que esas marcas resplandecientes estaban apuntando a un lugar, pero en ese moment! o dejo d e importarle cuando vio que Solaris al fin había realizado su sueño de iluminar al menos un trozo del universo – vamos, hay que darles un nombre – dijo Tradere con algo de emoción, Solaris se puso a pensar, ella sabía en su interior qué era eso, pero no sabía cómo llamarlo, hasta que llegó a su mente como podría oponerle a estas recién nacidas dadoras de brillo – estrellas, así serán llamadas, y la definición de esta palabra será “dadoras de luz” –.
Tradere estaba lleno de emoción mientras él y Solaris iban a otro destino, luego de lo que pasó en la luna no pudieron apartarse uno del otro. Esta vez Solaris lo llevaría a ver su cinturón de asteroides favorito, aunque le fascinaba la idea de estar ahí con ella, no podía dejar de pensar que las estrellas querían decirle algo. Cuando se sentaron en un planeta cercano a ver la hermosa conglomeración de astros. – este cinturón es mi preferido debido a que no lo cree yo, sino que dos planetas enanos que había creado demasiado próximos uno del otro colisionaron y gracias a la gravedad de un planeta gigantesco se formó esta reunión de cuerpos celestes, es lo que más me encanta, siento que mis creaciones tienen vida propia, me pregunto si alguno, alguna vez,  ha dado vida ¿no te parece interesante? – Tradere se puso a pensar en si decirle a Solaris que él es una creación de un planeta, pero decidió no hacerlo, pensaba que no era el momento correcto, que lo haría luego – pues sí, es bastante curioso –. Paso un rato y Tradere no admiró al cinturón, solo se quedó viendo el brillo de Solaris, hipnotizado por su resplandor – oye, quiero contarte algo – dijo mientras se acercaba un poco a Solaris – te amo mucho, y si tengo una razón para hacerlo, cuando nací estaba solo, en oscuridad, paso un tiempo hasta que por fin pude divisar algo, y ese algo fuiste tú, iluminaste ese sombrío lugar que no era solo mi plantea, sino también mi mente y mi corazón; lo alcanzaste con tu luz y tu gracia, eres lo más maravilloso que me ha pasado, y no me importa si el Universo nunca se ilumina, porque mi Universo ya fue iluminado por ti –  en ese momento Solaris fue directo hacia él y ahí sentados se abrazaron por un largo tiempo – gracias por e! xistir & ndash; susurró ella a su oído muy dulcemente, cuando dejaron de abrazarse Tradere la miró al rostro vió que otras cuantas lagrimas estaban saliendo, pero que esta vez, al subir, no se plantaron ahí en el paisaje, sino que se fueron –¿a dónde crees que van? –. – No lo sé, pero tengo un indicio – se dirigieron directamente al lugar donde vieron las estrellas por primera vez.
Acto seguido ya se encaminaban a la luna antes visitada. Cuando arribaron pudieron observar que habían más estrellas, estaban ordenadas una en frente de la otra, como si fuese un rastro a seguir, y así lo supo, esas estrellas guiarían su camino hasta alcanzar el destino predicho por su madre. – estabas en lo correcto, aquí están, tengo que hacer algo para reconocer este merito tan especial –.solaris imaginaba un titulo parecido al de ser dios, pero para alguien sin las mimsas capacidades – ¡Lo tengo! Como no puedes ser el dios de nada, debido a tu falta de habilidades, te nombrare el gobernante de tu propio planeta, seras un rey –. – ¿y eso que significa? – se preguntaba Tradere – significa gobernante supremo, se debe hacer tu voluntad en donde residas, es algo que acabo de inventar – dijo entre risas. – creo que entonces quiero que ambos seamos reyes ¿me acompañarías gobernando? –. – te acompañaría de aquí al borde del cosmos –.  
Mientras Solaris se sentía cada vez más cerca de Tradere, este ya sabía que hacer – Hare llorar a esta Diosa – pensó egoístamente, así trazando su siguiente movimiento para llegar a lo que sea que le esperase, pero estaba seguro de que llegaría a donde pertenecía, a casa.
El día que Tradere se propuso a poner en marcha su plan, supo que debía  ser en su propio hogar, no podía arriesgarse a dejar su planeta.
El viaje hasta aquel lugar era largo, pero lo valía para poner en marcha la tarea que Tradere se había puesto. Al fin llegaron a donde tenían planeado, el primer planeta creado. Solaris nunca quiso hacer nada alrededor de ese planeta, debido a que nunca le gustó, ni siquiera era redondo, era demasiado ovalado, pero al estar alejado del resto de los planetas lo vio como el lugar perfecto para realizar su hazaña. –  Ahora que estamos  solos, mi brillo infinito debo decirte algunas cosas –, con ardor en el corazón y un sabor amargo en la boca encontró muy dentro de él la fuerza para decidir que su vida era más importante que los sentimientos de Solaris, o de cualquiera. – te odio – lo dijo sin inmutarse, con una cara inexpresiva y distante, como si sus palabras recién pronunciadas hubiesen salido de la boca de alguien que habita en otro plano existencial, dijo que la odiaba, no con molestia, tristeza ni dificultad, lo dijo como un hecho, el universo era oscuro, este planeta ovalado, y el la odiaba. – ¿disculpa? – fue lo único que pudo murmurar la diosa mientras su corazón se rompía de poco a poco, ya se veía la primera estrella ascender y abandonar fugazmente el lugar de despecho. - ¿no me oíste? Te odio, desde que me llevaste a esa aburrida luna, vi lo tonta que eres, eres tan solo una diosa que no puede comportarse, todo para ti son tus estúpidos astros, cada planeta, cada cometa y cinturón de asteroides, cada estrella que has llorado me parece basura, solo pequeños adornos sin nadie que en realidad los aprecie o los valore, y, si no hay nadie que aprecie tus creaciones, ¿si quiera vale la pena crearlas? – justo después de esa pregunta Solaris sentía como su corazón se destruía, como se pudría, en un momento Tradere destruyó a Solaris usando algunas palabras, cosas que! en real idad no sentía, destruyo su ser, todo lo que se relacionaba con el había sido asesinado y todo lo que no, también había sido derrumbado en el derrumbe de emociones de Solaris, su existir repentinamente se volvió vacío y sin significado. – No – dijo, intentando arreglar las cosas y a ella misma. – No puede ser cierto – su semblante se destruyó – ¡No! – gritó, mientras corría cada estrella se iba derramando, y mientras se acercaba a Tradere pudo envolverlo en sus brazos y hundir su cara en su pecho, llenándolo de lágrimas. El cielo ya estaba estrellado, y también había nacido algo más grande, una estrella pero más grande que un planeta gigante, que hizo que muchos de los planetas cambiaran su posición, que iluminó el universo. Tradere empezó a sentir un calor repentino que nacía desde donde las lágrimas habían caído, se intensifico hasta que en un abrir y cerrar de ojos, ya Tradere viajaba a velocidades increíbles a través del cosmos, las lágrimas de Solaris lo habían convertido en un astro, en un cometa.
El cometa vivo que era Tradere podía moverse a voluntad, después de recorrer una gran parte del universo al fin llego a su destino, a un sistema solar de unos pocos planetas, el 3er planeta que se veía empezando desde el más cercano al sol, ahí aterrizó, se sentía en casa, se sentía completo, no sentía arrepentimiento
Ahí fue abandonada Solaris, donde comenzó, donde terminó, después de tanto sufrimiento y de tanto llanto, quedó sin brillo, todo resplandor en su interior se había extinto, quedó tirada en la superficie del planeta, casi sin vida, aunque iluminada por millones de estrellas, estaba en una oscuridad interna, era todo lo que quedaba de ella. Se desvaneció. Solaris fue abandonada en oscuridad y en oscuridad ella se convirtió.
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Mario Palacios Lepore.
Published on e-Stories.org on 05/27/2016.

 

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