Brandon Balderas Rocha

Celda para uno


Y ahí me encontraba yo. Cerrando la puerta de una celda dentro de esta maldita cueva oscura y fría. Colocando un candando, dos, tres, cuatro, deslizando el pasador y finamente asegurando con llave el cerrojo de hierro. Mientras me daba a esta tarea no podía evitar preguntarme como había terminado así ¿Qué me había impulsado a actuar de esta manera? Pues detrás de los barrotes, a sólo unos metros de mí, se hallaba quien me había acompañado en tantas aventuras, mi compañero de crímenes y alegrías; quien desde el momento en que nos presentamos (o mejor dicho me percaté de su presencia) se había convertido mi confidente y mi apoyo, mi sostén. Y aun así ahí me encontraba yo, aprisionándolo, encadenándolo, privándolo de su libertad y cerrándome indefinidamente a sus palabras y compañía.

-Lamento mucho esto. - dije con la respiración entrecortada.

No obtuve respuesta.

-Es lo mejor para los dos. – Continué, sabiendo que en realidad solo era lo que yo creía mejor para mí. Acto seguido fui recompensado con un único golpe sordo del otro lado de la puerta.

-Es cierto. -Proseguí- Tú y yo sabemos que juntos hemos hecho maravillas, creado cosas preciosas…pero también hemos traído tragedia, dolor y sufrimiento sobre tantas personas y sobre nosotros mismos, sabes bien que no te puedo dejar libre, simplemente eres demasiado incontrolable, demasiado impredecible, pero sobre todo, demasiado noble. Eres un riesgo para ti, para los demás y para mí que siempre tengo que ir detrás de ti a reparar el desastre que dejas y cargar con las consecuencias. Es por nuestro propio bien.

Un golpe, dos golpes, tres golpes, cada uno más fuerte que el anterior y con un eco haciendo reverberación en la celda fueron mi respuesta. Me detuve a observar fijamente a mi prisionero hasta que el nudo en la garganta empezó a aflorar y me vi obligado a apartar la vista. Pasados unos segundos finalmente pude volver a hablar:

-Creo que necesitamos tiempo a solas. – Saboreé las palabras recién emitidas y me apresuré a corregir. – Sé que siempre hemos estado solos, pero esta vez me refiero a una soledad genuina, de las que se eligen y no se imponen, de las que son, no de las que simplemente están sin que nadie las llame; sí, una soledad en la que cada uno esté por su cuenta, justo como antes ¿recuerdas? Antes de conocernos, cuando las cosas eran distintas, incompletas sí, pero eficientes, cuando las cosas funcionaban, cuando nosotros funcionábamos.

- Los golpeteos se incrementaron en frecuencia y volumen, pero eso ya no me importaba, no buscaba respuestas, no buscaba redención, simplemente quería desahogarme. Haciendo oídos sordos al crescendo que se estaba desarrollando frente a mí, con los ojos cerrados y sin saber si hablaba susurraba o gritaba volví a abrir los labios para hablar:

- Entiende por favor que no quiero hacer esto, pero no me queda otra opción. Si de ti ya no hay nada... mucho menos queda de mí. ¡Tan sólo mira esto! ¡Mira este lugar! ¡Esta maldita caverna fría y oscura, despojada de vida! Solía ser terreno fértil, solía ser tan hermoso, solía ser un puto paraíso para los dos, e invitaríamos sin miedo a quien pasara por enfrente, y lo colmábamos de alegría y sinceridad, dejando la puerta abierta para que entraran y salieran, y ahora ¡Míralo! ¡Un infierno gélido con una celda para ti! ¡Una celda que tuve que crear con mis propias manos, y en la que resulté ser juez, jurado y verdugo!
Sé que tu no querías que nada de esto sucediera, que es lo que los dos menos deseábamos, pero aun así sucedió. Y no podemos no podemos hacer nada con el pasado, sólo nos queda ver hacia el futuro, sanar y resarcir el daño y para eso necesito que te quedes aquí. No puedo resolver nada si sigues incitando al caos en mi mente, no puedo permitirme seguir de esta manera; tengo sueños y aspiraciones propias que cumplir, tengo tantas cosas que hacer, tanta vida por vivir y no puedo malgastarla siguiendo tus estúpidas fantasías y esperanzas egoístamente altruistas para terminar una vez más decepcionados, simplemente no puedo, no puedo y menos si con cada una de esas decepciones termino perdiéndome más y más a mí mismo. Entiende por favor que no quiero hacer esto ¿Quién en su sano juicio se atrevería a arrancarse el corazón y encerrarlo por su propia cuenta? ¿Quién sino un desesperado? ¿Quién sino alguien que se dio cuenta demasiado tarde del daño que se causaba?

La velocidad de lo golpeteos, o mejor dicho de los latidos llegó a su cúspide y luego se tranquilizó abruptamente, el sonido se transformó en no más que un susurro melancólico acompañado de un ligero, pero constante goteo.

-Vas a estar bien aquí, tienes todo lo que necesitas para vivir, para seguir entretejiendo historias alimentadas por esa imaginación tuya envidiable un lienzo, óleos y pincel; hojas, pluma y tintero; un retrato de cada uno de nuestros amores pasados, cortesía tuya claro, un piano y un violín, café para las noches frías y una ventana para observar lo que sucede afue… en mi mundo. Estarás bien.- Habiendo dicho esto recorrí con la mirada una última vez la celda, después pasé mi atención a los candados de la puerta comprobando su resistencia, por último fije la vista en ese corazón mío vivo y latiendo con el mismo entusiasmo que el primer día, aún a pesar de los golpes y cicatrices que tenía, creo que por fin logró entenderme y aceptó mi decisión. ¿O quizá sabía que no importaba cuanto me esforzara en apresarlo, lograría encontrar el modo de escapar e ir en busca de otro captor? ¿O tal vez se encontraba contento de poder fantasear a su gusto sin que mi sentido común le pusiera peros? Sólo el tiempo lo diría.

Me dispuse a tirar la llave maestra cuando me detuvo un pensamiento. Los corazones no mueren de hambre, ni de sed, pero hombre ni siquiera de tristeza como algunos piensan, los corazones mueren y viven y renacen de amor y si algún día tomaba el valor para matar al mío necesitaría de la llave para hacerlo, así que tome la llave, la guardé en el bolsillo interno de mi saco, (del lado izquierdo por supuesto, como si fuera a llenar la caverna entera) y me dispuse a salir, ya casi era de mañana y la vida no espera a nadie, ni siquiera alguien que acaba de aprisionar de su corazón, por el contrario, más bien parece que alentara a todos a hacerlo, y muchos lo hacen sin siquiera saberlo. Por lo menos yo tuve la oportunidad de despedirme, y más importante... de conservar la llave.

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Brandon Balderas Rocha.
Published on e-Stories.org on 12/28/2016.

 

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