Jona Umaes

La sábana

          En esos días de Black Friday en que los buzones de correo se te llenan de basura publicitaria, viví una situación que a más de uno le resultará inverosímil. Dadas las proximidades de las fiestas navideñas, hacía como la mayoría, comprar los regalos de Navidad y Reyes por adelantado, para ahorrarme un dinerillo. Como se hace con los dulces y comidas navideñas. El marisco y las carnes se congelan hasta que llegan las fechas, porque luego se disparan los precios y también queda menos donde elegir.

          En esas me encontraba yo, navegando por multitud de páginas comparando precios, cuando de la noche a la mañana comenzó a presentarse publicidad de sábanas entre los muchos anuncios que querían llamar mi atención. No entendía aquello. Es cierto que tenía en mente cambiar las sábanas de la cama, estaban muy gastadas, pero aún no había empezado a buscar en internet nada de eso para que me salieran anuncios de ropa de cama. Tan solo lo había comentado con mi hermana el día anterior. Tenía dos opciones para buscarle un sentido a todo aquello: un hecho paranormal, de esos que ocurren en contadas ocasiones y al que se le buscan explicaciones científicas para no quedar como gilipollas, o era el bendito San Google que estaba escuchando la conversación con mi hermana y quiso facilitarme la tarea. No sé cuál de las dos es menos escandalosa. Lo dejo a elección del lector.

          El caso es que comencé a ver anuncios de sábanas hasta que me quedé obnubilado ante la belleza de una que parecía decirme, “llévame a tu cama”. De motivos curiosos, líneas ondulantes esbozaban figuras sugerentes que despertaban mi imaginación. No podía concretar qué era lo que veía que me atraía tanto. Cuando me di cuenta, ya tenía delante de mí la pantalla del cobro. Había pulsado el botón de compra sin ser consciente de lo que hacía.

          Cuando llegó el paquete, quité la sábana vieja y me recreé colocando la nueva, alisando los pequeños pliegues que se formaban y afeaban el conjunto. Si me parecía hermosa en la pantalla, en la realidad me costaba apartar la vista de ella. El tacto de la franela era exquisito. Estaba deseando que llegara la hora de dormir.

 

Día 1

          Al fin llegó la noche. Me encontraba tan derrotado que apenas pude disfrutar de la suavidad de la nueva sábana antes de quedarme dormido. Algo me despertó de madrugada. A través de mis párpados notaba una luz azulina. Abrí los ojos, sobresaltado. No podía creer lo que estaba viendo. En las paredes de la habitación, imágenes sinuosas, sin forma alguna, bailaban con movimientos repetitivos. Parecía el reflejo del agua en la roca de una cueva. Pensé que estaba soñando. No podía ser de otra manera. Conforme pasaba el tiempo, el aire se fue impregnando de las mismas imágenes. Aquella especie de niebla parecía querer abrazarme, absorberme, que me diluyera en ella. En esos momentos no tenía voluntad alguna. Estaba a merced de aquella visión. Creo que se apropió de mí porque lo siguiente que recuerdo fue el sonido estridente del despertador. Cuando llegó la mañana no podía tirar de mi cuerpo.

 

Día 2

          Tras llegar a casa y con el cansancio acumulado de la noche anterior, solo tenía ganas de coger cama. Piqué lo primero que pillé y me dormí sin apenas darme cuenta. Un nuevo suceso hizo que me despertara de madrugada. Mi cuerpo parecía flotar en agua a merced de las olas. La cama había perdido su rigidez. Nunca supe que se sentía al dormir en un colchón de agua, pero en ese momento lo estaba experimentando. Al moverme, parecía estar en un barco en medio de una tempestad. Mi cabeza daba vueltas. A duras penas pude encender la lamparita y levantarme. Vi como la cama seguía ondulándose durante unos instantes hasta que, de repente, volvió a su estado natural. Me acosté y el sueño se adueñó de mí hasta el amanecer. De nuevo, la misma sensación de cansancio al despertar. Aunque me tomé un café cargado, el peso de dormir mal durante dos días seguidos me estaba pasando factura.

 

Día 3

          Esa noche fue distinta. Nada de visiones. Unas caricias despertaron mis instintos. Otras veces había vivido eso mismo en sueños, pero en aquella ocasión era real. Me había despertado y una mano invisible me estaba poniendo a cien. Luego sentí un calor agradable sobre mí. Me volví loco de placer. Poco me importaba que fuera algo sobrenatural, el calor me invadía. Me dejé llevar hasta convulsionarme del gusto. Después, me dormí al instante.

 

Días 4, 5 y 6

          Lo ocurrido la última noche volvió a repetirse durante los días siguientes. Aquel espíritu era insaciable. Me estaba exprimiendo como una naranja. En una ocasión, llegué a vislumbrarlo al encender la lamparita. Su figura traslúcida cabalgaba sobre mí y hasta pude apreciar su sonrisa entre gemidos mudos.

 

Día 7

          Estaba exhausto. No podía más. Se me ocurrió que todo aquello podía estar sucediendo a causa de la sábana que había comprado. Desde el primer momento que la vi me embelesó. Se lo comenté a un amigo y se rio en mi cara. Decía que estaba loco. Como quería deshacerme de ella, la lavé y se la di. No tenía intención de seguir con aquel juego. Me estaba consumiendo y hasta llegué a obsesionarme.

 

          Desde que me deshiciera de la sábana todo volvió a la normalidad, pero pasadas varias semanas, me llamó mi amigo. Estaba fuera de sí. Me dijo de todo menos bonito. Parecía que se le había ido la cabeza. Era incapaz de deshacerse de la sábana, estaba enganchado. Me sentí un poco culpable por ello. No todo el mundo tiene la misma fuerza para salir de las adicciones. Fui a su casa y echar un rato de charla. Aproveché que fue a la cocina a por unas cervezas para quitar la sábana de la cama y quemarla en el balcón. Ya había hecho bastante daño.




 

Nota del autor: La próxima vez que algo exótico llame tu atención y quieras poseerlo, ten cuidado, pueden ocurrir sucesos extraños :-)

 

 

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Published on e-Stories.org on 11/18/2021.

 

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