Jona Umaes

Ronquidos en la noche

          Paco y Lucía llevaban como pareja pocas semanas. Lucía aún vivía con sus padres, pero los fines de semana los pasaban juntos. El trabajo no daba margen para verse los días de diario, aunque siempre mantenían el contacto por mensajes y videollamadas.

          Estaban muy a gusto juntos, a pesar de los ronquidos de él, que era, siempre, el que cogía primero el sueño. Era una de los inconvenientes que tenía que aguantar, pero pensaba que terminaría acostumbrándose. Lo que a la postre podía suponer un problema, ella le quitaba importancia, nada extraño en los principios de una relación. Hasta le hacía gracia que estuviesen tranquilamente tumbados, hablando, y de buenas a primeras a él se le cerrasen los ojos y la dejara con la palabra en la boca. A continuación se ponía a roncar como un cosaco, y por mucho que intentará despertarlo no había manera. Luego, por la mañana, ya le cantaría las cuarenta. De cualquier forma, solo era una noche los fines de semana. Podía soportarlo, ella valoraba más lo feliz que la hacía sentir.

          El tiempo pasó y terminaron conviviendo en la casa de él. Lucía se fue acostumbrando a los ronquidos de él, aunque tuvo que tomar algunas medidas que le ayudasen a conciliar el sueño a pesar del estruendo. Sabía que a la hora de dormir tenía que estar cansada, eso requería que, durante el día, debía haber hecho alguna actividad física, gym, andar o lo que fuera que la agotase, aparte del trabajo. Era importante llegar al final del día con la batería mínima para echar un kiki y terminar de vaciarla. Por otro lado, también tomaba alguna infusión relajante después de la cena. Esa era la rutina que adquirió a la hora de dormir, y funcionaba.

          Hubo una temporada en que Paco llegaba a casa con preocupaciones del trabajo y le costaba desconectar. Eso le provocó desvelos durante la noche. Fueron días duros para él, por la mañana estaba agotado por el escaso sueño. También descubrió que, después de tantos reproches a causa de sus ronquidos, su concubina también roncaba. Él nunca lo supo porque  era el primero en dormirse, y lo hacía del tirón hasta la mañana. Pensaba que ni ella misma lo sabía. Él no le comentó nada. De cualquier forma no podía dormir.

          Aburrido como una ostra en la cama, no podía ni pensar en sus preocupaciones por los ruidos que emitía su pareja, que, por otro lado, eran un tanto peculiares. No eran los ronquidos clásicos, de largo discurso, sino sonidos breves y rítmicos, entrecortados. Le pareció de lo más curioso. La primera vez hasta se echó a reír, nunca había escuchado nada igual.

          Cuando era niño, Paco era un crío muy curioso. Le gustaba aprender todas las cosas que le llamaban la atención. Entre ellas el código morse. Le pidió a los padres que le compraran un libro para saber cómo interpretar esos sonidos de distinta duración y cadencia. Con el paso de los años olvidó aquello, pero algo le quedó en la memoria porque, de alguna forma, asoció los ronquidos de Lucía con el Morse. Le resultaba familiar aquel discurrir sonoro. Decidió refrescar la memoria y buscó en YouTube videos para aprender Morse.

          En tan solo unos días lo aprendió de nuevo, ya que no partía de cero. Sus conocimientos emergieron del olvido a medida que iba visionando las imágenes. Fue así como pudo interpretar los ronquidos de Lucía en sus noches de desvelo. Quedó atónito ante la información que le llegaba. Lo primero que pensó fue que Lucía, en otra vida, había sido una mujer del antiguo Egipto. No podía ser de otra forma, ya que lo que interpretaba era relativo a una antigua corte y ceremonias en torno a pirámides.

          Dentro de lo absurdo de la idea, fue más allá y pensó que quizás pudiera comunicarse con ese personaje. Se levantó como un rayo y encendió el ordenador en busca de algo que le pidiera ayudar en esa misión. Sabía que internet vendían artilugios de todo tipo. En su búsqueda, se topó con cosas de lo más suigéneris: sellos para huevos con su propio logo, prueba de embarazo bluetooth, taza toillete, despertador claqueta, pollo paragolpes... Y, ¡¡¡voilà!!! Halló lo que buscaba, un emisor de ronquidos en morse. Funcionaba conectándolo, por bluetooth, al móvil, donde se escribía el texto a transcribir. Lo pidió y en un par de días lo tuvo en casa.

          Estaba nervioso. Ansiaba saber si podría tener feedback del sueño de Lucía. Dicho y hecho, comenzó a formular preguntas, obteniendo las respuestas a través de los ronquidos de su pareja. La mujer se llamaba Tausert y resultó ser una faraona. Esta no daba crédito a que pudiera comunicarse con alguien del futuro. Paco aprovechó para flirtear con la egipcia. Le resultaba excitante la situación y hablar a través de los ronquidos de Lucía con la "guiri". Era un juego inocente a través de un sueño interactivo.

          Aquel experimento no duró mucho. Las aguas volvieron a su cauce en el trabajo de Paco y este pudo dormir, de nuevo, como un tronco, como era habitual en él.

 

—Cariño, estos días que no podía dormir me he enterado de una cosa.

—¿El qué?

—¿Tú sabes que roncas?

—¡Sí, claro! ¿De dónde te sacas eso?

—Pues porque te escucho. Estas noches de insomnio no hacía otra cosa.

—Anda, anda...

—Roncas en morse, ja, ja. Tarde en darme cuenta porque hacía mucho tiempo que no lo escuchaba, pero me puse al día con unos videos de YouTube. Así pude entender a tu otro Yo.

—¿Mi otro Yo?

—¿Sabías que en otra vida fuiste faraona?

—¿Ah, sí? ¡¡¡Qué guay!!!

—Te gusta la idea, ¿eh? Ja, ja, me comuniqué con ella.

—¡Qué imaginación tienes! Deberías dedicarte a escribir.

—Es en serio. Con la ilusión que te ha hecho…

—Sí, el ser una faraona, pero de ahí a hablar con ella, es decir, con mi Yo ancestral...

—¿Y cómo crees que supe que eras una reina?

—Bueno, bueno. ¡Deja de liarme! ¡¡¡Y yo no ronco!!!

—Ok, no roncas.

 

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Published on e-Stories.org on 10/23/2022.

 

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