Maria Teresa Aláez García

Entrega

 
 
En una de las clases del curso, la psicóloga nos preguntó por nuestro hobbie. Se me ocurrió decir, en mal momento, que el mío era escribir. Así que me pidió una poesia y escribi la siguiente - hay dos versiones y la definitiva - para regalar a mis compañeras y a mis profesores, siempre que no tuviera que leerla yo. Eso me parece presuntuoso, engreído y de mal gusto. Sobre todo cuando la mayoría de mis compañeras no habían pasado el graduado escolar. Aún así insistió y entregué la poesía, pero no quise leerla ni que la leyeran estando yo delante. Era un regalo abierto a múltiples interpretaciones y preferia que cada cual diera la suya sin que mi voz influyera en absoluto en el significado y melodía de los sonidos. La poesía es muy subjetiva. Tanto para quien la escribe como para quien la lee.
 
Entonces un coordinador, no sé si para romper mi timidez o a saber para qué, me hizo leer en público la primera estrofa. Me negué y lloré, porque no es lo mismo escribir los sentimientos que decirlos a la cara. Lloré desde muy hondo de mi interior y lloré fuera con lágrimas. Desde que leí la poesía, me parece ahora absurda, carente de significado e insulsa, sobre todo porque sólo una compañera abogó a mi favor para que no se me permitiera leerla mientras las otras se tiraban a degüello.
 
Quizás sólo deba agradecer el que ahora me de igual leer cualquier cosa en público. Mía no va a ser porque es lo último que regalo en la vida real. Otro asunto es dejarlo aquí para que lo disfrute quien pase por la comunidad y mi pretensión se haga realidad: que cada cual le dé la interpretaciòn que desee de acuerdo a su estado de ánimo y a su situación personal. Así tendrá cada escrito miles de significados. Y cada persona podrá creer o pensar que aquella frase o aquel párrafo lo he escrito para él porque sí, lo escribo pensando en todas las personas que conozco.
 
Dejo la poesía. Un beso a todos.
 
A mis compañeros y profesores del curso de auxiliar de enfermeria en geriatria de Afja y en concreto a mis compañeras del módulo 78. También a todos los profesionales de la sanidad, sobre todo al Dr. Reillo, la Dra. Ana Palacios, la doctora Carmen Quijano y a Tere Valenzuela, asi como a todos los profesionales del hospital comarcal de la Marina Baixa de la Vila Joiosa.

Tengo mucho que ofrecerte:
tengo voces en mis manos,
imágenes en mis dedos.
En mis ojos, se interpretan
las melodías del viento.
 
Tengo mil cosas que darte:
los sabores volátiles de
las flores, que en sus trajes
aprisionan los secretos
de las artes naturales.
 
Tengo un saquito en mi pecho.
Contiene muchos regalos
que no te cuestan dinero
pero no son valorados
por el mundo que queremos.
 
Tengo lágrimas de estrellas.
Tengo lluvia de deseos.
Tengo la fuerza del cosmos.
Tengo cuatro hojas de un trébol.
 
Todo lo pongo ante tí.
Basta que tú quieras verlo.
 
Pero si tú necesitan
ese instante, ese momento,
coge mi mano y nos vamos
a sentarnos en un quiebro.
 
Tienes mi hombro, mis ojos,
mis oídos bien atentos
por un tiempo indefinido
o hasta que nos reencontremos.

ORIGINAL.
Tengo mucho que ofrecerte:

tengo voces en mis manos,
imágenes en mis dedos.
En mis ojos, se interpretan
las melodías del viento.
Tengo mil cosas que darte:
los sabores volátiles de
las flores, que en sus trajes
aprisionan los secretos
de las artes naturales.
 
Tengo un saquito en mi pecho.
Contiene muchos regalos
que no te cuestan dinero
pero no son valorados
por el mundo que queremos.
 
Tengo lágrimas de estrellas.
Tengo lluvia de deseos.
Tengo la fuerza del cosmos.
Tengo cuatro hojas de un trébol.
 
Todo lo pongo ante tí.
Basta que tú quieras verlo.
 
Pero si tú necesitas
ese instante, ese momento,
tienes mi mano, mi oído,
mi atención y mi concierto,
por un tiempo indefinido
o hasta que nos encontremos.
 
(c) María Teresa Aláez García.
 
DEFINITIVO.
 
Tengo mucho que ofrecerte.
 
Tengo voces en mis manos,
imágenes en mis dedos.
En mis ojos, se interpretan
las melodías del viento.
 
Tengo mil cosas que darte:
los sabores volatiles de
las flores, que en sus trajes,
aprisionan los secretos
de las artes naturales.
 
Tengo un saquito en mi pecho.
contiene muchos regalos
que no te cuestan dinero
pero no son valorados
por el mundo que queremos.
 
Tengo lágrimas de estrellas,
tengo lluvias de deseos,
tengo la fuerza del cosmos,
tengo cuatro hojas de un trébol.
 
Todo lo pongo ante tí.
Basta que tú quieras verlo.
 
Pero si tú necesitas
ese instante, ese momento,
tienes mi mano, mi oído,
mi atención y mi concierto
por un tiempo indefinido
o hasta que nos reencontremos.
 
Coge mis dedos y vamos
a sentarnos en un quiebro
.
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 07/18/2007.

 

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