Maria Teresa Aláez García

Negro

Estoy sentada al borde de un abismo.
 
Delante de mí, se abren varios circulos o varios puntos que asemejan lagos enormes, espejos gigantes donde se reflejan imágenes que en esos universos se van sucediendo.
 
Me encuentro a gusto en ese límite. No necesito nada, no deseo hacer nada, no quiero el contacto de persona alguna a mi lado ni para bien ni para mal.
 
Miro en esos grandes espejos el discurrir de la vida.
 
A veces, siento ganas de llorar porque aunque me mantenga conectada, siento el dolor que existe y siento ganas de reir porque recibo la estimulación de quien rie y el sufrimiento de quien sufre.
 
Y necesito recopilar toda esta información en su momento por si fuera necesaria, como si tuviera un síndrome de diógenes eterno pero después me vuelvo consciente de la futilidad de conservar objetos, recuerdos y pensamientos que son pasajeros y dejo de hacerlo. Aunque el tiempo me pondrá posteriormente el traje de pérdida de consciencia cuando tenga otra situación que requiera de una respuesta adecuada a esa situación.
 
Si queréis conocer cómo es el entorno donde estoy situada, os lo describo.
 
No sé cómo es el lugar donde estoy sentada exactamente ni de qué está hecho ni quién lo fabricó. Estoy en la inmensidad, en la oscuridad, en un saliente de energía en medio de un universo que acaba y de otro que empieza y se mueven simultáneamente pero uno gira de izquierda a derecha y otro de arriba hacia abajo y yo me encuentro en el callo o corteza que une y separa ambos universos.

Es como si me encontrara en la goma o el puente de acceso entre los dos vagones de un tren y ambos universos estuvieran en un lugar donde todo es negro pero estuviera iluminado como por algo  irreal de manera que puedo ver los salientes, puedo distinguir las cascadas de tiempo, me llega el frio y la frescura de lo limpio,
 
Mis mundos y submundos.
 
Que nadie entiende más que yo, por ahora. A lo mejor, alguna vez en la existencia, habrá alguna persona que pueda comprender lo que escribo y que le sirva para mejorar. Eso espero.
 
Mientras tanto soy un entramado complicadísimo, la madeja deslabazada, el hilo de coser enredado, el cubo de rubik inexplorado, la masa cósmica que nadie sabe ni de dónde ha salido y hacia dónde va a llegar.
Me encuentro sentada en aquel límite entre dos universos paralelos, viendo lo que los contiene. Me eo remota, allá arriba, mientras esa luz que parece maravillosa e irreal, una luz natural, se encuentra a mis pies.
 
Estoy en una especie de estante, de pendiente, de ribazo y mis pies no se sienten molestos al colgar. Ni siquiera los noto.
 
 A mi izquierda, una gran esfera sin color que deviene oscura, gira de izquierda a derecha. En el otro lado, lentamente, gira una de arriba hacia abajo.
 
Y todas estas esferas están conectadas entre sí, unidas por sus órbitas y giran en torno a esa enorme luz irreal que deviene una luz de conciencia. Todas pueden rotar, pueden desplazarse y pueden detenerse, pero no se lian, no se rompen, no se enredan y cada uno vive en su lugar y necesita que todo se encuentre en su sitio.
 
En las órbitas que simulan tubos de plástico huecos, van circulando personas, cosas, van transcurriendo de un lugar a otro. Todavía no he visto salir ninguna por la oquedad o las oquedades que yo vigilo.
 
Allá arriba, a lo lejos, hay un hombre a caballo. Un hombre con algo similar a un sable en su cinto, con una capa, que vigila y un gorro al estilo árabe pero sus ropas son occidentales, una especie de camisa ancha blanca y un pantalón oscuro. No veo su rostro, como si una rejilla lo ocultara pero parece agradable y moderado. Está también a la expectativa, intranquilo, nervioso, al tanto y también, como yo, puede caminar por el saliente sin caerse pero no se acerca a mí.
 
Más a mi izquierda una inmensa cascada de fluido oscuro cae y en su parte superior hay algo de esa luz que veía al principio.
 
Y es todo inmenso y protector, y tan, tan hermoso...
 
http://es.youtube.com/watch?v=Rj_DKRUphEA
 
(Enlace: universo y Debussy de Delima45)

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Maria Teresa Aláez García.
Published on e-Stories.org on 10/30/2007.

 

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