Maria Teresa Aláez García

¿Señal?

Hoy he ido a recoger a mi hijo al colegio.
 
 Al salir, suelo llevarlo al parque del Pati Fosc (patio oscuro), donde hay entramados para que los niños hagan ejercicios: suban y bajen por escalas, cuerdas, se tiren por toboganes de varias medidas, hagan equilibrios....
 
 A mi hijo le viene de maravilla este ejercicio para que sus manos y sus piernas se fortalezcan. Él se siente también contento de poder acudir cada tarde a ese parque y merendar lo poquito que come.
 
 Después acudimos a la Barbera, otro parque mucho más grande que han abierto al lado, donde acuden los compañeros del niño a jugar y donde él intenta ganarse amigos. A continuación pasamos a la Llar del Pensionista (Hogar del pensionista) donde acude a sus clases de karate, tres horas a la semana.
 
 En el parque del Patifosc hay dos entramados: uno para niños más pequeños y otro para niños más mayores. El entramado para pequeños tiene forma de tren y a mi hijo le encanta. El entramado grande tiene forma de monte con árboles y aunque a él le cuesta subir y desplazarse por semejante monumento, lo termina recorriendo de buen grado.
 
 Yo suelo sentarme en uno de los arcenes que rodea al entramado. Más que arcén, es una jardinera. Jardineras enormes, con ficus, con magnolias, etc… que sobreviven al paso de niños y adolescentes que se apoyan en ellas, juguetean y soportan alguna que otra brutalidad o descuido de adultos.
 
 Suelo vigilar a mi hijo y levanto poco la cabeza. La dirijo hacia el frente porque hoy mi hijo no ha tenido muchas ganas de subir y quería ir persiguiendo a uno de sus compañeros de colegio, el cual le iba enseñando poco a poco lo fascinante que era realizar todos los juegos  del entramado, mientras mi hijo le mostraba un cochecito de color amarillo y sus ruedas y el movimiento que realizaba. Al final no se pusieron de acuerdo; en fin, son caracteres distintos.
 
 En un momento dado, subí la vista para buscar a Pedro y ver si Ricard lo seguía. Y topé con el rostro del cielo. Marcado en toda su piel, en su suavidad, en su luz y en su limpieza. Remarcado por dos aviones a reacción que suelen salir todos los jueves por la tarde desde la cercana estación de Aitana - aviones militares - para aterrizar o en Santiago de la Ribera o a saber dónde. Todos los jueves nos dejan sus rastros blancos de humo. Todos los jueves yo veía esta profanación celestial como algo maldito, sin sentido, algo que no me gustaba nada.
 
 Y hoy… hoy ha sido el punto culmen.
 
 Hoy había una gran X en el cielo.
 
 Los pilotos, queriendo hacer gala de romper la barrera del sonido artísticamente, dejaron una cicatriz crucífera en el empíreo. Y el centro de la cicatriz, daba justo enfrente de donde yo me encontraba sentada.
 
 Vinieron a mi mente dos recuerdos: las palabras de mi padre y las de una amiga, testigo de Jehová, que viene a visitarme una vez a la semana con esperanza de hacerme entrar en el Reino. Sin darse cuenta de que Dios es mi Reino y Su Amor es mi religión. Religión a la cual puede pertenecer todo el mundo sin ataduras ni compromisos.
 
 Mi padre me dijo en una ocasión: "Cuando se produzca el Advenimiento de Cristo, aparecerá una gran cruz en el cielo". Y yo, que soy muy peliculera, imaginaba - y sigo imaginando - una gran cruz de Santiago en medio del cielo, luminosa, alegre, sencilla, esplendorosa; una cruz esperanzadora.
 
 Esta amiga, testigo, me comentó ayer: "El Reino está cerca y algunos pasaremos con vida. No será necesario morir y resucitar".
  
La verdad es que hay casualidades y casualidades.
 
 Quien sabe. Quizás Dios ha hecho uso de las habilidades aeronáuticas para señalarnos algún tipo de suceso, de hecho importante, de llamada. Quizás el error cometido por esos dos pilotos sea más relevante de lo que ellos suponen.
 
 Quizás no ocurra nada. Hasta el momento, no ha ocurrido nada relevante más que las barbaridades que realizamos los seres humanos sobre el mundo y sobre nuestros semejantes.
 
 O quizás ocurra algo: quizás fuera la sonrisa de Dios para indicarnos que, por fin, podremos vivir en paz e igualdad con todo ser de la Tierra y de fuera de ella.
 
 Ojala. Eso espero.

 

 

 

 

Mayo 2005.
 
 

 

 

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Published on e-Stories.org on 08/29/2008.

 

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