Dafne Galán

Carta a una madre

 
…¿Mamá? Mamá, ¿eres tú? Sí, claro que eres tú, ¡qué tontería! ¿Quién sino…? Mamá, ¿Qué pasa? ¿Por qué no me miras? Pero, ¿por qué lloras?... ¡Dios mío, mamá, ¿dónde estoy?! ¿Qué me ha pasado? ¿Qué hago con todos estos tubos?...Me duele todo… no recuerdo nada… ¡espera! Recuerdo que fui a la fiesta de Natalia, también estaba Raúl, el chico más guapo de todo el instituto. ¡Iba tan guapo esa noche, mamá! Ya sé, ya sé; es un poco arrogante…y no siempre me trató bien, pero esa noche estuvo encantador conmigo. Después de someterme a una hora y media de maquillajes y desmaquillantes casi no me podía reconocer el espejo y seguro que Raúl tampoco me conoció. Cuando se acercó preguntándome si quería tomar algo, ¡no me lo podía creer! Me lo preguntó a mi, mamá, no a la que decían que era su novia, ni a Natalia, la del cumpleaños, me lo preguntó a mí, ¡no me lo podía creer! Al poco rato, llegó con dos vasos de supuesta limonada, me dio uno y sacó del bolsillo una bolsita de plástico con cuatro o cinco pastillas blancas, redondas, del tamaño de una uña, quizás más pequeñas… Recuerdo que lo miré asustada y él frunció el ceño, encantadoramente: “¿No quieres divertirte un poco? Confía en mí, por una vez no pasa nada.” Y no mentía, al principio, no.
Empecé a encontrar divertido a todo el mundo, a reírme sin parar, a bailar hasta reventar… ¡hasta creo que hubo un momento en el que Raúl y yo nos besamos! Después fuimos a la habitación de Natalia, creo… Y allí fue todo cariño y pasión, Raúl era el ser más maravilloso de la tierra… pero, de pronto, me empecé a encontrarme mal… ya no estaba tan contenta… tenía mucho calor… Raúl estaba encima mía… ¡Dios mío, ese estúpido estaba intentando aprovecharse de mí! Le di un empujón, me lo quité de encima y salí corriendo de allí… recuerdo que estaba muy enfadado, de su boca salían palabras que apenas podía asimilar… Salí de casa de Natalia, como pude, todo se movía a mis pies… Alguien me dijo adiós… y alguien se ofreció a acompañarme hasta la calle… No recuerdo más, mamá… Perdóname… Ahora que me estoy debatiendo entre vivir o morir, quiero volver a ser tu niña, tu pequeña y no separarme nunca de ti… pero tenía tantas ganas de ser mayor, tenía tantas ganas de volar… por favor, mamá, no llores más... Mamá, dale toda mi ropa a mis amigas y que escojan la que más les guste, diles que son las mejores amigas del mundo y dale las gracias de mi parte por tantos momentos vividos juntas… Dile a mi hermano que él no tuvo la culpa de nada, dale las gracias por cuidarme tantos años y pídele perdón de mi parte por las tantas veces que no confié en él. Dile a papá que sea fuerte, por favor, sed fuertes los dos… Mamá dile a Carlos… dile que fue el gran amor de mi corta vida…
Mamá, ¿qué pasa? Ya no siento nada... ni el calor de tu mano en mi rostro, ni la humedad de tus lágrimas en mi mano, ni el dolor de las agujas clavadas en mi brazo, ni la soledad de este cuarto… Mamá, por una vez, por primera vez en mi vida, siento una felicidad completa, una paz indescriptible, no siento nada, no tengo dolor. Mamá, no me esperes levantada… Te quiero, mamá… Adiós…

 

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Published on e-Stories.org on 09/08/2008.

 

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