Maria Teresa Aláez García

Dónde está la realidad.

Camino sobre la fina línea de los límites.

 

Siempre estoy en el límite. Dicen.

 

Entre la realidad y la ficción. Entre la historia y la leyenda. Entre el día y la noche. Entre el llanto y la alegría. Entre la sordidez y la belleza. Entre lo creíble y lo increíble. Entre el cielo y el infierno. Entre el diablo y San Miguel Arcángel, que Satán o Luzbel era otro ángel, ser creado por Dios y por Él fácilmente. El único que puede equiparársele es otro ángel o como mucho un trono o una potestad pero eso como mucho.  En fin, es otro tema éste.

 

La gente dice, habla, comenta, sin conocer.

 

Todos, absolutamente todos, nos lanzamos a adivinar. Y a hablar más de la cuenta. Yo la primera. Los demás no tengo ni idea pero por lo que veo y escucho, no me quedo ni corta ni la última.

 

Quién no ha escuchado en una conversación acerca de una discusión sentimental, decir que “no salía de él o de ella”. Quiere decirse con esto que la persona de la cual se comenta, ha de adivinar, entender o conocer los deseos de la otra sin necesidad de decírselo ésta, con lo cual exige de la otra persona una vigilancia de todos los detalles que en ocasiones puede llegar al paroxismo si la persona que habla es algo complicada o exigente y si exige mucha dedicación.  También está el otro extremo, la persona totalmente descuidada y negligente a quien no le afecta en absoluto los medios que se puedan poner para que realice una acción.  Esto sí es negar voluntariamente algunos aspectos de la realidad porque siempre se puede preguntar o realizar acuerdos.

 

La gente quiere ser entendida diciendo el menor número de palabras posible.

 

En los tiempos antiguos el hablar era un arte y la conversación se enriquecía con el saber y la retórica y la dialéctica. Por causa de los charlatanes que se dedicaban a engañar utilizando su facilidad para el diálogo – las personas inseguras e inmaduras que no saben el valor del sacrificio y del trabajo duro y honrado y sólo piensan en el enriquecimiento fácil a costa de la buena fe y de la confianza de la otra persona, engañando y burlando  siempre han existido y como no se encauce de alguna manera su facilidad para la burla nunca dejarán de hacer daño – se tomó en cuenta más a las personas calladas y se asoció silencio con prudencia y madurez y charlatanería con imprudencia, engaño e inmadurez. Se sigue sin aceptar a la gente tal y como es y sin valorarla por su actitud y acción en un momento, hora y lugar.  Habiendo buena gente extrovertida, abierta, comunicativa y buena conversadora, no se la aprecia convenientemente por hablar mucho o por el contenido de lo que habla y se sigue haciendo aprecio de quien no dice nada o dice sólo cuando es debido. No se entiende que también hay gente que engaña con el silencio, la observación y la prudencia que les sirve para acosar a su presa y en un momento dado, cazarla, como las águilas, halcones o animales cazadores. Los espías, los ladrones, usan esta técnica.

 

No se nos enseña a comunicarnos bien.

 

En cuanto a los medios de comunicación y de locomoción, se usan igualmente como medios de engaño y cuanto más permiten el anonimato, peor.

 

Dicen: “Internet y el chat es /son un medio de comunicación donde la gente, amparada por el anonimato, hace de todo”. De todo. Las salvajadas, desgraciadamente, siguen superándose en la vida real. Sí, se pasan vídeos en Internet, se comercia, se vende, se compra de todo  - de todo, sin obviar nada – pero la vida real es la que trae la alegría o el espanto. Si se venden videos de películas “snuff” de esas o un vídeo de pornografía infantil, en la vida real es donde se ha agredido a la mujer, al joven o al niño. Si leemos sobre una noticia acerca de un asesinato o abuso que parece que están tan, tan lejanas… no, no están tan lejanas. Están cerca de nosotros. En nuestra misma ciudad posiblemente. Puede ser que nuestro vecino, incluso algún familiar.  Al igual que las noticias buenas pero esas nos encantan que ocurran y si puede ser a nosotros, mejor, sobre todo si tienen que ver con dinero. La verdad, podría desaparecer el dinero y daríamos otro valor a la vida, como hacían los sumerios.

 

Siempre supera la vida real a la ficción. Siempre.

 

La comunicación se ha realizado de mil maneras. Escrita, oral, a distancia – teléfono, telegrama, televisión, carta – en la cercanía, por medios de locomoción… Ha habido un abuso del medio al principio y después se ha usado con normalidad. El abuso del medio ocurre cuando la mayoría de la gente ignora el uso del medio normalmente. Entonces los graciosos – que en realidad no son graciosos, son personas serias que quieren abrirnos los ojos a su manera, fiscalizarnos, llamarnos la atención porque hacemos distintos de ellos las cosas y ellos no quieren un mundo distinto al que tienen en su cabeza, lo quieren siempre todo igual para no tener que molestarse, para no sentirse inseguros, para tener el control o  para sentirse fuertes, potentes y poderosos – pues  estas personas con su modo de indicar a los demás lo que hacen bien o mal, actúan en ocasiones impulsivamente sin darse cuenta de su posible error – si es acierto, se agradece pero si es error, nunca lo reconocen. Y se suele realizar esto amparándose en el anonimato.  Y sin buscar o conocer al otro. Es decir, según ellos con la redacción del texto, con la voz, ya saben perfectamente cómo es la persona.

 

Yo no suelo creer en la telepatía pero parece ser que existir no existe pero haberla “hayla” como dicen en mi tierra de nacimiento. Y parece ser que en este planeta nuestro la comunicación sobra porque claro, ya intuimos, adivinamos o sale de nosotros. La persona no nos ha de decir nada ni nosotros a ella; ya sabemos cómo es, lo que necesita y todo al primer golpe de vista, según los gestos y todo. Por eso hemos de actuar todos uniformemente, para que estas pobres personas no se lleven sorpresas.

 

Y por eso yo no actúo uniformemente. Para que se  las lleven.

 

Imaginen la fama que tengo por aquí. Que si me faltan los tornillos del mecano. Que si me paso el día en el chat. Que si me paso todo el día en Internet comiendo sin parar. No se enteró nadie de los tres días que pasé ingresada y donde me intervinieron por una hemorragia intestinal. Sí de los textos que una persona de mi confianza subió en mi ausencia.

 

¿Dónde está el límite de la realidad? ¿En el engaño? Mucha gente dirá: “Es falso lo que cuentas”.  Mucha gente, además, que ni me conoce en la vida real. Mucha gente que me saluda o saluda a mi nick pero no sabe ni si estoy yo delante del ordenador o es mi hermana o es mi marido. Al igual  que yo ignoro quién está detrás de la pantalla o en la web cam, si me ponen o no algún tipo de película.

 

La realidad ha de ser palpable.  El texto leído y firmado habla para asegurar que es verdad lo que se dice después, cuando se coteja con la realidad. Antiguamente la palabra hablada era signo de confianza sobre todo si el concepto de “honor” referido a honradez, sinceridad, honra, estaba unido a ello. Más que nada la dignidad, el ser entero de la persona. Hoy eso ha desaparecido. Como no vamos espada en mano para asesinar a quien nos miente por una necedad, la gente abusa como le da la gana del otro.

 

Pero a mí me dicen que me lo imagino…

 

(continuará).

 

 

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Published on e-Stories.org on 09/27/2008.

 

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