Maria Teresa Aláez García

MÚSICA CORPÓREA 3

Siento sobre mi piel el roce de un calor, en ocasiones más severo, en ocasiones más suave. Puedo detectarlo sobre el rostro sobre todo. El rostro parece tirante. La piel se queja de no poder transpirar correctamente.

A un lado y al otro los puntos de calor son fijos y están situados en el mismo lugar. Por lo tanto, si me acerco o me alejo puedo controlar estos puntos.

Huelo a humo, a sudor, a enfermedad en ciertos sitios, a tabaco en ciertos otros. Ante mí da la impresión de que hay un gran vacío, un entorno que no puedo llenar ni con la amplitud total de mis brazos. Es increíble el frío que viene desde muy, muy lejos, pero que parece cortar la corriente según los golpes mudos que se oyen, golpes sordos y mucho murmullo.

Bajo mis pies, apretados por los lazos de raso, forzados en una posición algo inexacta para los pies y que ni las punteras pueden suavizar, ciertas vibraciones. Golpes igualmente, siento un vacío más controlado, movimientos apresurados a un lado y al otro. Igualmente, según puedo pisar, hay lugares donde la tabla es más maciza y lugares donde es más tosca y gruesa.

Los ruidos, las voces, los sonidos son mis amigos. Gracias a su volumen, a su frecuencia, puedo detectar la distancia. Ante mí, una orquesta. Algún violín chirría, los instrumentos van siendo probados y cambiados si no alcanzan el nivel deseado en su afinación.

Siento en mi espalda un pequeño arañazo. La cremallera me hace un poco de daño. Aún con la banda protectora, sigue molestando. Quizás esté nerviosa. Mi piel, tan fría, puede estar más sensible aunque no me lo haga notar. Intentaré estirarme sin moverme del lugar, así no romperé la estabilidad de la formación. Estiramientos sin moverme del lugar.  Pequeños movimientos musculares para mantener el calor y no comenzar en frío.

Noto que la gente se sienta. Se escuchan algunos movimientos de sillas. Bolsos que se abren y se cierran. Bolsillos donde se hacen sonar llaves, dinero o las tarjetas en las billeteras. Teléfonos que también se van cerrando con un clac, clac, a veces imperceptible.  Chaquetas con botones que se abrochan y desabrochan. Los ujieres dejan rozar sus botones brillantes contra la ropa de los asistentes y la moqueta. Los roces de los tules, de los chales, incluso de alguna tela vaquera o de los rasos y las sedas. Lana… con el calor que debe de hacer ahí abajo y traen lana… para el abrigo, será.

Atención. Las puertas parecen ser bloqueadas.  Los asistentes sesean y van tomando asiento en silencio. Si, parece que alguien ha de ocupar un molesto lugar en medio de la fila porque el director ha movido la cabeza. Su cabello ha dejado caer un pequeño movimiento en el aire.  Golpea suavemente con la batuta.

Debo tensarme. Sonreír. Los dos puntos de calor en mi rostro. No será por mucho tiempo.

Las marcas sobre el escenario. Comienzan las vibraciones. Siento que mi cuerpo va tomando forma según se va sucediendo la obra musical .Siento que mis pies inician el movimiento. En mis dedos, la pequeña y suave tirantez muscular. La sangre se mueve más rápidamente por mi cuerpo y en mi pecho, el corazón golpea con fuerza. Algo me hace sentirme contenta, tengo ganas de saltar.  Debo desplazarme al igual que mis compañeras. ¡Ya!

 

 

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Published on e-Stories.org on 11/09/2008.

 

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