Maria Teresa Aláez García

En once minutos

Aunque me gusta profundizar sobre todo lo que veo, estudio, conozco y sé que nunca podré conocer y asumir todo en la medida en que debe ser conocido, asumido y profundizado, la fatiga o el cansancio en esta labor me lleva a pensar en que he de abrir fronteras. Mi país se me queda pequeño desde que tenía seis años y la verdad, hubiera ido muy gustosa a vivir a Suiza. Pero eso me pareció una desfachatez y una falta de cordura enorme.  Cómo me puede gustar otro país si no conozco el mío en profundidad – y nunca lo conoceré -.  Me dediqué a conocer el lugar donde vivía – aún no he terminado y ya agregué cinco lugares más de mi infancia - . Y de todos modos sigo encontrando aspectos totalmente desconocidos y cosas gratas. Quizás lo que me aturde y me llena de congoja es la envidia que lleva a la gente a tener una curiosidad insana acerca de la vida de la gente y a criticarla ásperamente para rebajar su autoestima para acaba diciendo que todo forma parte del juego y que si uno tiene bien seguras su personalidad y sus metas, pasará por encima de eso. Pero el mal trago no lo quita nadie. La manipulación y la puñalada trapera tampoco.  Y no son bromas. En fin, de todos modos hay unas pautas generales para todos los seres humanos de la tierra y en todos se cuece algo que no ha de ser necesariamente habas.

Se levantan días soleados últimamente a pesar de hacer un frío espantoso. Yo de paso le agrego mi frío personal que es más cruel que el frío ambiental.

Entre mis lecturas, también está la de un libro que habla sobre cómo conocer la historia de un profesor inglés. Compré hace años una colección de obras de filosofía y economía y no me arrepiento de ello. Así, aunque sean antiguos, puedo conocer las bases de ambas disciplinas y saber en qué pensaban los fenicios y los babilonios cuando empezaron a engañar a las buenas gentes comerciando para no crujirse la espalda como ellos. Además seguimos pensando que los demás son ilusos. El precio del oro. En pleno siglo XXI seguimos manteniendo el valor de metales que brillan mucho, como los abalorios y la bisutería que también brilla mucho. En su momento el oro fue normal que fuera visto como algo fuera de serie: brillaba mucho, era duro, como un diamante – que como lo quememos se va al garete – aunque el agua regia lo asesina. Hoy conocemos y vamos encontrando otros metales que pueden ser incluso mejores que el oro pero claro, engañemos a la masa diciendo lo mucho que vale un simple metal. Para mí el agua o el aire tienen mucho más valor porque soportan la vida, son imprescindibles. Pero bueno, si le hemos puesto precio a una tierra que siempre ha sido gratuita. El precio pagado no es en función del valor de la tierra sino del egoísmo, la vagancia, la manipulación y la inmadurez de la gente que pone el precio así como de la beatitud y buena fe de quien se ha dejado engañar. Por lo menos debíamos de tener gratuitos ropa, comida, una casa, un medio de comunicación – Internet si no el teléfono – y un medio de transporte – aunque sea el público – así como la sanidad y la educación. Con eso se garantizaba que la gente estuviera más contenta y más segura y fuera con más satisfacción al trabajo. Cuidado: la ropa normal, de calle, de trabajo. La de fiesta, que la gente se la pague al igual que los caprichos, eso no.  Y comida, la más necesaria: carne, huevos, leche, verduras, frutas. No haría falta tirar excedentes siquiera. Ya las exquisiteces sí, pagarlas a precio de oro. La primera casa gratuita. El chalet, cincuenta millones. El autobús, gratuito. El primer coche, si es muy necesario, también. Si no, quizás con alguna subvención. El segundo, veinte millones. Y así sucesivamente. El vino de cartón gratis. Las chorraditas, a cien euros. Y seguro que por tener nivel y estatus la gente compraría igual. La televisión pública, gratuita – hemos de estar informados -. Las otras, a precio de oro – ya las cobran a precio de oro -. Se ve que a la gente le gusta que la miren, que la atiendan, que la adoren. Qué falta de mimos y de cuidados debieron de tener de niños. A lo mejor es necesario poner a algunas personas en los colegios y en los institutos que hagan de madres y padres para los niños cuyos progenitores se dedicaron a tenerlos por alcanzar más estatus y nivel o porque lo decía la sociedad – o porque no tuvieron cuidado o porque no tienen cerebro – y que les den el afecto que les falta a las criaturas para que luego sean hombres y mujeres honrados y menesterosos. Aparte de ir informando y llamar la atención. Si nada en este mundo permanece oculto, todo lo tenemos en las bibliotecas escrito en hasta mil tomos y nadie los lee. La piedra filosofal tiene tropecientos modos de hacerse, pero hay que trabajar para sacarla y a la larga no resulta rentable. Yo la verdad, eliminaría el dinero – se puede, ¿eh?, vivir en una sociedad como la nuestra y sin dinero, porque siendo como somos los humanos, las vejaciones, envidias, manipulaciones, egoísmo y todo eso no dejarían de existir- y  ya que al menos el resto de las cosas no iban a desaparecer, que la gente tuviera un mínimo para vivir con dignidad y dedicarnos a la conquista del espacio en lugar de a la conquista de los nuestros que están más que conquistados. Mientras unos miran en el interior de los océanos, otros que miren al exterior del planeta y otros que vayan reconstruyendo el nuestro que falta le hace y sitio hay para todos, en serio. La naturaleza ya se encarga de matarnos solita con maremotos, terremotos y epidemias y cosas así.  Al menos el dinero de las armas se podría usar para hacer aeronaves de transporte y desde la base lunar acudir a estudiar otros lugares. Mejor invertir en medicamentos, en la conquista del espacio, en cosas creativas y de todos modos las armas iban a servir para explotar mineral en otros lugares y para defendernos de a saber qué enemigos que podamos encontrar porque si han sido como nosotros y no han evolucionado, ya podemos echarnos a temblar. Los extraterrestres no son tontos y seguro que andan camuflados entre nosotros para bien o para mal y han sido como nosotros para bien y para mal. De todos modos si no existen ya nosotros nos encargaremos de que existan. Con que un niño nazca en un avión, ya es extraterrestre. O en la luna. Pobrete, qué etiqueta le colocarán.

A veces pienso que la luna está ahí para hacer de escudo. Los meteoritos y los cometas van volando por el aire y de golpe vienen directos a nosotros pero ¡¡Tate!! La luna está delante. Y antes que la luna hay cinco planetas más algunos enormes. Para tocarnos un meteorito o un cometa, no se imagina una la de obstáculos que ha de sortear: desde el pobre Plutón,  los planetas Neptuno, Urano, Saturno y Júpiter cada uno con su corte de satélites y Marte además de un cinturón de asteroides en medio, todos girando de modo aleatorio como en una mesa de pinball. Hasta el momento, sé que los elementos que vagan por el espacio lo hacen en línea recta o si siguen algún tipo de circuito es circular pero no desvían en medio de su ruta, es decir, no toman curvas ni sus caminos tienen forma de ese. Estaría bien que estallara una estrella u otro planeta y al salir despedidos los ñuscos, llegaran a nuestro sistema solar, bordearan Neptuno, saltaran por los anillos de Saturno, pasaran por debajo de Júpiter y por encima del cinturón de asteroides, cedieran el paso a Marte, pararan para que la Luna acabara su recorrido y ¡¡Pumba!!, a caer en Japón, Estados Unidos o Rusia que es donde obligatoriamente han de caer todos los cuerpos celestes para que sus habitantes confíen mucho en sus gobernantes por lo previsores que son o los aniquilen del todo y tienen una gran X marcada para que los sensores pétreos o férreos sepan dónde caer exactamente.  Como todo está tan ordenado en este caos universal seguro que el resto de los planetas del sistema solar está así para proteger al nuestro. Todo está preparado. Ya, ya sé que hay condiciones y eso para que haya vida pero claro, es que parece que no pensamos que puede haber otra vida adaptada a otras condiciones por mucho que todo derive del carbono. También existen cosas impensables para nosotros ¿eh? Y que se irán descubriendo si la envidia, el dinero, la religión, los ateos y los escépticos además de los “cerraicos” de mente no lo impiden.

Hoy les toca  a Penderecki, a Ravel, a Taffanel, a Falla y al maestro Rodrigo que vivió en mi ciudad.  Todos nacieron o murieron por estas fechas. Y a Mandel y a Caplet. Por cierto encontré un pintor delicioso, llamado Bulman. Y a Celan y de todos modos no sé ni para qué me molesto porque no lo conocería todo ni siendo inmortal, la verdad. Somos tan limitados y nos limitamos más. Ya es cuestión de ir dejándose llevar…

 

 

 

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Published on e-Stories.org on 11/26/2008.

 

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