Maria Teresa Aláez García

Retorcimientos

   

RETORCIMIENTOS.

Desde muy niña desee llevar una forma de vida que no jugara con retorcimientos. Me di cuenta de que ya la naturaleza nos da problemas suficientes como para no buscarlos nosotros. La naturaleza sigue su curso y nos deleita de cuando en cuando con tormentas grandiosas, terremotos, maremotos, volcanes en erupción, enfermedades varias, animales devoradores de todo, epidemias y desastres varios. Por otro lado tenemos las cuestiones sociales generales. Estudiar, trabajar, adquirir una familia y una responsabilidad con unos hijos que hacer crecer y sacar adelante bien el trabajo, ya era suficiente. En medio de todo este bagaje, siempre quedaban algunos ratos para poder respirar, con alguna pequeña ilusión o con alguna pequeña fiesta. Así que me acostumbre a hacer grandes las cosas muy pequeñas.  También aprendí que toda responsabilidad y deuda que se adquiere, se ha de pagar. Y procure seguir los pasos de mi abuela y mi madre aprendiendo de ellas a salir adelante con lo que se tenía a mano, sin comprar cosas nuevas, so pena que fuera de real necesidad. El dinero había que guardarlo por si alguien se enfermaba, para los libros, la ropa y la comida.  Ambas tenían un espíritu creativo magnifico. Mi madre en saber hacer de cualquier cosa una maravilla, sobre todo en manualidades artísticas, en la costura o en cualquier manifestación manual. Mi abuela, en cuanto a la cocina y a la economía. Después, como ocurría en aquellos tiempos, siempre los hermanos pequeños son los más favorecidos por la fortuna y los hermanos mayores los que llevan el peso de la casa junto a los padres. Pero formaba parte de la situación social de por aquel entonces y nadie se quejaba. De hecho, ya se sabía que iba a tocar hacer algo así. A los catorce años, empecé a dar clases y aprendí a compaginar estudios con trabajo. Como cualquier jovencita de mi edad. Al menos yo daba clases, tenía mucha suerte porque otras chicas se dedicaban a trabajar en las fábricas, a limpiar casas,  en ser cocineras etc.… Trabajos  que también me tocaron en suerte pero ya mas adelante.

Lo que me llevo a pensar y actuar como he descrito al principio del texto, fue el ver el estado de manipulación y acoso que había tanto en mi familia como en otras familias. No había dialogo, sino gritos o silencios eternos y asesinos. No había sinceridad, sino el callarse para que otros no supieran, ocultar o mentir para dañar. Yo sentía que era la forma de actuar más inútil que podía darse. El retorcimiento, el  silencio, la falta de dialogo, la ocultación y la mentira, el actuar a las espaldas, el manipular, el jugar con los demás, la negligencia, solo servia para atrasarlo todo o destrozarlo, para romper el ritmo, entorpecer la buena marcha de las cosas y para crear un ambiente muy negativo. No había unidad, apoyo, no había consenso y se vivía en un sufrimiento constante y en una inseguridad espantosa. En mi caso, para evitar este ambiente y solventar los problemas, me mantenía ocupada para estar fuera de mi casa el mayor tiempo posible. Iba a la misma a limpiar, preparar la comida y cena y tomarla y a dormir  y si podía evitarlo ni a eso.  Me guardaba el dinero del almuerzo y comía en el instituto mientras estudiaba. A los quince años, como en la coral nos pagaban un pequeño tanto, me ayudaba para poder mantener esto y dejar todo arreglado en casa y desaparecer. En cuanto me metía en un círculo de personas que, aparentemente con bondad y cortesía, iniciaban una lluvia de preguntas con palmaditas en la espalda y deseos de saber, salía corriendo. Era el método que se seguía en mi casa antes de que cayera una nube de tormenta. Nube de tormenta que podía ser tanto el preludio de un castigo como el avance de una temporada de ser el centro de risa y de escarnio de algunos miembros de la familia. Situación que a veces se repetía en la calle o en otros sitios conmigo o con otros pero en esos lugares podía evitarlas pegando un corte y en mi casa, pues no.

Así que cuando me fui a vivir sola, y con mi hermano después, íbamos adelante poco a poco pero seguros. No debíamos nada. No ganábamos demasiado pero no íbamos ahogados y sobre todo, no nos comían los acreedores. No nos hacia falta ser retorcidos ni manipuladores. Y no dejábamos de divertirnos. Invitábamos a los amigos a casa, íbamos a las suyas, hacíamos muchísimas cosas y teníamos todo el tiempo ocupado. Paseos por la playa  que en mi ciudad son practicados cotidianamente, ayudaban a tener mejor salud, a adelgazar, a mantenerse en forma y a no gastar luz ni agua. Las casas bien iluminadas ayudaban a no tener facturas enormes de luz porque se encendía poco tiempo durante la noche. El trabajar y realizar actividades fuera de casa, enriquecía la mente, se aprendían mas trucos para construir cosas nuevas  como nuevas recetas, hacer jabón casero, distintos tipos de ejercicio, coser cortinas, aprender a hacer maravillas a ganchillo, punto de cruz, a molde, con lo que la ropa salía también mas barata, y sobre todo, con la música, viajar y conocer nuevas ciudades y provincias dando recitales con los coros o con las danzas.

No había tiempo para pensar en subterfugios. Mantener la cabeza en el estudio y en los quehaceres cotidianos y el cuerpo en la danza, el baile, en el paseo o en el ejercicio ayudaba a pensar sanamente.  De paso se hacia mucha vida social. Se conocía mucha gente, se iniciaban relaciones si era preciso y se dialogaba mucho más. Y si se tenía tiempo libre, se promovía el voluntariado: o acompañar a enfermos, a ancianos, a dar catequesis a la iglesia o ayudar en el ayuntamiento. Daba igual la situación política, económica, social. El que quería y tenia ganas, lo hacia.

Quizás viviera en una nube o en una luna. Posiblemente la gente que me rodeaba, al ver la ausencia de maldad o el pasarla por alto dado que siempre tenia cosas importantes en las que pensar, evitara el implicarme en esa vida aburrida y llena de retorcimientos en la que esta sumida la mayoría de la gente y que no llego a comprender. Son ganas de jugar, ganas de someter al otro, ganas de llamar la atención, aburrimiento… lo ignoro.

Cuando me case, seguí solo en parte con esa vida dado que debía tener en cuenta ya que compartía gustos y porvenir con alguien que no era de mi familia y a quien debía cariño, respeto, comprensión, escucha, ayuda, compartir, etc.… Se suponía que embarcaba con otra persona y llevaríamos adelante un plan de vida de acuerdo, sin mentiras, con mucha complicidad, lealtad y confianza. Yo no pedía a nadie ser guapo, ni tener un cargo importante ni nadie rico hasta que el dinero le pudriera las entrañas. Solo una persona trabajadora y sincera. En mi mente obtusa y pequeña, cabía aquello del “contigo pan y cebolla” porque era lo que había mas o menos, vivido. Tuvimos un niño, con el que ya me veía imposibilitada para hacer esa vida pero si posibilitada para enseñar a mi hijo a desenvolverse en esa existencia donde la naturaleza y los condicionamientos sociales impuestos por el estado, marcan la pauta. Por lo cual me dedique a ir preparándolo para lo que se le esperaba. Además de su estimulación como ser humano y como persona, tanto física como intelectual, su integración y darle, lo principal, todo mi cariño como madre. Como si no fuera poco en la vida, sacar adelante una familia con un niño pequeño, no deje de estudiar en los pocos ratos libres que tenia pero por cuestiones de la vida, si deje de cuidarme y pensaba que la aceptación marital, sobre todo, además de la familiar, pasaban por alto ciertas cosas. 

Lo que ignoraba es lo engañada que vivía.

No hay nada peor que vivir en una mentira eterna. La mentira no es excusa si es que se teme perder a la otra persona. Al contrario, favorece la perdida de confianza, de respeto y hace aumentar los problemas. Todos quisiéramos dar a nuestros seres queridos todo lo mejor y hacer que vivan como reyes, evitarles las enfermedades y sufrimientos, evitarles los problemas, darles una vida sana y darles alegrías y bienestar  y con esto no hablo de cosas que se puedan comprar. Depende en primer lugar, de cómo se eduque a la persona y en segundo lugar, de cómo la persona responda ante lo que encuentra, según su grado de seguridad. Una persona segura de si misma, que se siente querida, que tiene fuerza, no necesita mucho mas que a si mismo y el cariño de los suyos, además de mantener las responsabilidades elegidas para poder vivir. No necesita mentir, puede confiar perfectamente, reconoce y actúa con seguridad ante los problemas y sabe convivir con la soledad. Es una persona sana de mente aunque no lo sea necesariamente de cuerpo. Puede ser una persona humilde, incluso carecer de belleza dado que en su interior reside toda su belleza. A mi me encantan estas personas. No se dejan ver mucho y cuando lo hacen, dejan rastros de luz.  Y no es por estar recluidas en sus casas si no porque sus vidas están ocupadas y permanecen activas y el tiempo o las circunstancias parecen dirigirlas a donde su luz sea mas necesaria. Suelen ser personas que actúan de cara  y lo mas maravilloso es su modo de decir las cosas en su debido momento, lugar y a las personas que lo requieran, así como la manera de decirlas, aunque sea con reproche. Se nota en su tono que lo hacen para mejorar al otro y ayudarle y no para recriminarle.

No se debe mentir por miedo a perder amor o seguridad, como decía antes. Ni ocultar cosas. Si se miente o se oculta, se lleva al núcleo familiar al desastre. Claro que hay gente que desea una mentira antes que enfrentarse a la verdad pero no es mi caso. La verdad puede ser dolorosa pero ayuda a progresar y a llevar las cosas hacia delante, para solventarlas o bajar la cabeza y seguir por otro camino. Hay veces que se hacen cosas en vano pero es la vida. De todos modos siempre simboliza un aprendizaje. En mi caso, me he visto ante un “no te acerques”, “fea”, “no te quiero”, “no puedo seguir contigo” o un piropo que alguien pretendió echarme diciendo “mira esa chica, que guapa es pero en la cara se le ve que sufre”, un modo galantísimo de llamar feo a alguien. , pero prefería eso antes que el enmudecimiento o la incertidumbre que dan el miedo y la negligencia. Incluso estando ya casada y con mi hijo, tuve que sonsacar una verdad y algo que la otra parte puede decir, es que reconocí mi parte de culpa y acepte la ruptura, en ese momento, del matrimonio a favor de la otra persona para que fuera feliz y de mi parte y la del niño, para evitarle mas sufrimiento. Las cosas siguieron otro camino y no hubo ruptura  pero el camino seguido no ha sido el mejor precisamente.

Dadas las circunstancias, hace ya mucho tiempo que aprendí a adaptarme. Y a mirar el lado positivo de las cosas. Si se ríen de mi, perfecto, al menos no he servido para hacer llorar. Mucho mejor reírse conmigo. Si lloran por mí, malamente y espero poder correr a corregirlo porque si algo no me gusta es causar un sufrimiento  ajeno y llorar conmigo, o llorar yo con otros, ayuda a comprenderse y a apoyarse mejor en el sufrimiento hasta llegar al desahogo y a encontrar soluciones. Hay quien se divierte con el daño y la manipulación ajena para sentirse alguien igual que quien juega con el abuso de poder o abuso de la confianza.  Pero son personas limitadas, inseguras, infelices, que piensan que han conseguido todo en su vida y se aburren, así que se divierten moviendo hilos ajenos para ver hasta donde pueden llegar, apuñalar, tirar la piedra y esconder la mano. Quizás hayan conseguido frivolidades o superficialidades pero no se han conseguido a ellas mismas. Ni siguieran han comenzado el camino. Y usan la ingeniería social para manipular a sus contrarios o a sus inferiores. Leen sus cartas, las enseñan a otros, se ríen a las espaldas, crean ambientes negativos, hacen el vacío,  arrasan con todo lo que la persona afectada deja a su paso y si pueden, con ella misma. Algunos hacen de ganchos para reírse de las personas confiadas ante otros porque son pobres infelices y les van pasando resúmenes de sus acciones, cartas, mensajes intercambiados con esa persona para ganarse un lugar en ese grupo que pretende usar a esos pobres infelices como bufones de un rey “buñuelo”, es decir snob, sin nobleza, y con una cúpula  que en lugar de madurar y mirarse a si mismos para desprenderse de cuanto les sobra de retorcido y quedarse con ellos mismos en su esencia, pues así son magníficos, siguen jugando a ser “mayores” y es una pena porque nunca en su vida serán “mayores”. Personas que necesitan insultar y denigrar manipulando, pensando que así quedan por encima de los demás y lo que hacen es quedar ellos muy por debajo del cieno.

En ocasiones merece la pena dejarse llevar, servir de juguete para estas personas. Para saber ellos y enterarnos nosotros de donde se localizan ciertos limites.  Los hilos tanto los puede mover quien esta siendo victima, haciendo creer al que oprime o acosa que sus técnicas hacen efecto y dejándose llevar para, en el momento necesario, recoger las riendas de su vida y darle un corte sumarísimo, como el acosador, evidentemente, que intenta causar el daño. A veces es mejor dejar que el otro sea feliz aunque a costa nuestra, pero si no es demasiado dañino y si nosotros permitimos la acción y colocamos los limites.

Pero son felices. Y aquí, todos tenemos derecho a la vida. Ellos y nosotros y los de mas allá, mal que nos pese.

Así sea.

 

 

 

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Published on e-Stories.org on 07/30/2009.

 

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