Iraultza Askerria

Sobre la gente que grita

Me ro de la gente que grita. Esa gente que se limita a chillar como un cerdo degollado, furiosa de su personalidad y repleta de envidia hacia las personas que les rodean. Te gritan queriendo gritarse a s mismos; te insultan mencionando las lacras que guardan dentro de su viciado espritu, te vejan deseando las virtudes que ellos tachan de defectos.

Esos desgraciados individuos que gritan se odian tanto a s mismos que son incapaces de ver ms all de su corazn. Con sus zumbidos de mosquito pretenden inculcar miedo, cuando son ellos quienes se aterrorizan a causa de la sombra de su propio desprecio.

Proclaman, como dictadores, que tienen razn, y derecho, en cada uno de los zarpazos y gruidos que lanzan al aire, y claman con lgrimas al no entender ni poder controlar su voluntad. La mayora de ellos cuando se percata de que nadie escucha sus alaridos de perro rabioso, proceden a levantar la voz, graznando aun ms alto, y al final, se quedan sordos de egosmo; algunos, incluso y parece mentira, tambin mudos.

Esas personas, que hay muchas en el mundo, nunca cambian. Se muestran, ante el espejo de la realidad, como seres superiores y orgullosos; se envalentonan ante cualquier nimiedad; se exaltan y se enfadan; y sobre todo gritan. No respetan a nadie ni se respetan a s mismos. Son como buitres.

Pero en la soledad de su colchn, son menos que carroa. Hunden la cabeza en la almohada, lloran por la desdicha que empaa su vida y se aferran como un sueo a cuanto han despreciado durante el da. Cuando estn solos, en un reservado silencio, maldicen su trabajo de diez horas en el pozo de alguna fbrica, se quejan de las tantas parejas que han formado a lo largo de su existencia porque ninguna las am realmente, reclaman una oportunidad que abarque todas las que permitieron pasar, imploran que el padre al que nunca dijeron te quiero les abrace por una vez. La glida dureza que muestran ante la gente se derrite bajo el calor y el peso de la noche, y los gritos se convierten en splicas.

En realidad, son criaturas indefensas, que anhelan ser lobos cuando no son ms que corderos. Su propio orgullo les devora.

Lstima. Ellos gritan y yo me ro.

 

Iraultza Askerria

 

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Published on e-Stories.org on 05/14/2010.

 

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