Lorena Sarria

Vacaciones

Hay veces en la vida en las que uno se da cuenta, así, de repente, que está perdido, no sabe donde está y, definitivamente ha perdido el norte. Y lo curioso de esas situaciones es como se repiten una y otra y otra vez cuando se rompe una relación sentimental.
En ocasiones creo que en lugar de Derecho debería haber estudiado psicología o quizás debería haber montado, directamente, un consultorio sentimental: “déjese aconsejar por profesionales” sería un buen eslogan. Profesionales, sí, de escuchar y callar, de repetir, corregir y eliminar errores, pero, ante todo, profesionales de la mentira. Porque, no nos vamos a engañar, todo el mundo (o la mayoría) alardea de su gran sinceridad cuando, en realidad, lo que abunda son los mentirosos, todo el mundo miente, en mayor o menor medida, pero lo hacen. Y son precisamente las mentiras las que nos llevan a situaciones incómodas o las que, de repente, te sitúan en una vida que ni siquiera crees aún que sea la tuya.
Eso me pasa a mi, eso mismo le pasa a Sofi. Si, somos dos, las dos amigas de siempre, las que se conocieron en la adolescencia y maduraron juntas y también las tres que ahora no viven las vidas que esperaban que fueran las suyas.

Yo no soy infeliz, no puedo decir eso porque no sería verdad, pero tampoco se puede decir que sea totalmente feliz. Ando perdida, divagando entre la realidad y las fantasías que esperaba, y todavía espero, que se hagan realidad. Tengo una vida normal, triste, monótona y aburrida, como no podría ser de otra forma tratándose de una opositora. Sin embargo, a veces (y muchas), estando ante un libro que sin duda aburriría hasta al mas erudito, empiezo a recordar, a pensar en mi, en quien era, en quien soy y en quien debería estar siendo.
La oposición cambia a cualquiera, me está cambiando hasta a mi! Y tal vez, solo tal vez, el cambio sea permanente. Yo antes no era así, no vivía encerrada entre cuatro paredes memorizando temas de Derecho sin parar y recibiendo apenas las llamadas de mi madre y dos amigas contadas. Antes todo era diferente.
Recuerdo cuando conocí a Sofi, era mi primera vez en Punta Cana, tenía 17 años y estaba eufórica por poder ir de vacaciones con mis padres y mis hermanas al extranjero por segunda vez en mi vida, el año anterior habíamos ido a Cancún con mi abuela, también. Recuerdo que al bajar del avión lo primero que sentí fue una sensación de asfixia, era tanta la humedad que apenas podía respirar. Fue muy impactante llegar a un aeropuerto y ver que la estructura consistía en una macro choza de paja y madera, era fantástico! Al llegar a la entrada de la estructura dos chicas nos pusieron a cada uno collares de flores, era como estar en una película para mi, una de esas en que James Bond viaja a Hawai y conquista, como no, a una autóctona. Tras recoger las maletas en la mini cinta circular descubrimos que había una gran demanda para transportarlas dos metros más allá, al autobús. Así que mi padre, generoso como es él, escogió a dos hombres para que las llevaran hasta la “guagua” y las colocaran en el maletero. Una vez acomodados los cinco en aquel viejo y congelado autobús pudimos comprobar que una de las virtudes de los dominicanos no era el orden en la conducción y desde luego tampoco destacaba la calidad del pavimento, inexistente en muchos tramos. El viaje hasta el hotel apenas duró media hora y, sin embargo, a mi madre le dio tiempo a maldecir, temer, suplicar, tener una crisis de pánico y hasta juraba que en cualquier momento le iba a dar un ataque al corazón. Al llegar al hotel, la pobre casi se arrodilla a besar suelo santo.
Llegamos al hotel, un lugar de ensueño, exótico y lujoso como nada que hubiera visto antes, era increíble. Tras grandes discusiones con la recepcionista, muy a nuestro pesar, mi madre logró dos habitaciones comunicadas. Para llegar a las habitaciones tuvimos que subir a una especie de trencito, también llamado guagua, que seria, desde aquel momento, nuestro medio de transporte en el hotel.
Una vez instalados y tras cenar en uno de los muchos restaurantes del complejo, caímos rendidos hasta el día siguiente.
Y llegó la mañana, y llegó muy temprano! A las 6 estaba mi madre en pie despertando a toque militar a todos los demás, sin saber muy bien porque, pues todo estaba cerrado hasta las 9. Sin mas remedio, nos levantamos y nos pusimos el traje de baño y, tras esperar 2 horas y media, fuimos a desayunar. Fue entonces cuando mi padre llegó a la conclusión de que lo ideal para recibir el mejor trato era sobornar a todo empleado que veía mediante propinas…y vaya si lo hizo! Desde ese día nos recibían cada mañana con una mesa reservada y decorada con un centro de flores, teníamos los mejores sitios, el mejor servicio y hasta regalitos varios como paquetes de tabaco, eso por no hablar de que cuando íbamos por el hotel nos saludaban con una sonrisa hasta las salamandras!!!
En fin, tras el desayuno decidí analizar las posibilidades y actividades del lugar y así descubrí que eran muchas, muchísimas y muy variadas: Spinning, yoga, aeróbic, aquagym, clases de salsa y merengue, tiro al arco, zoo, gimnasio, sauna, piscinas, bicis, deportes acuáticos de toda clase….un paraíso de posibilidades!! Tras mucho pensar y cuadrar horarios decidí que el planning diario consistiría en: desayuno, gimnasio, media hora con mis padres en la piscina, después aquagym, comer, clases de salsa y merengue y ya hacia las cinco, actividades varias: bici, fútbol, visita al zoo con mi hermana pequeña….según el día. Así que, bien planificado todo, ese es el ritmo que seguí durante tres días, hasta que el tercer día conocí a Sofi.
Estaba con mis padres en la piscina y fui al bar a buscarles algo de beber, y a ver al camarero, el mulato mas guapo que había visto en toda mi vida, cuando apareció una chica rubia, algo entradita en carnes, rodeada de dominicanos, varios de ellos animadores del hotel. Recuerdo que observé la escena, como ella hablaba coqueta con ellos y pensé que esa chica no me gustaba demasiado. Sin embargo ella no debió pensar lo mismo porque, de repente, se dirigió a mí y entablamos una conversación de la que, sorprendentemente, surgió una gran amistad. Esa chica alegre y desinhibida era Sofi.
Al parecer, ella también había ido a Punta Cana de vacaciones con su familia, era su tercera vez allí. A sus 18 años sus padres la dejaban salir, pero no tenía con quien, su hermana, varios años menor padecía síndrome de dawn y no tenía amigas en el hotel, aun. Yo, por mi parte, tampoco tenía con quien salir, mis hermanas eran demasiado pequeñas (12 y 9 años) y sola mis padres no me habrían dejado jamás, como ocurrió en Cancún. Así que para ambas, ese fue un encuentro providencial y, también el inicio de muchas experiencias….
Esa misma noche nos encontramos en el lobby, después de cenar, y presentamos a nuestras familias. Resultó que nuestros padres tenían historias muy parecidas y muchas cosas en común, sobretodo, ser de la misma clase socio-económica, lo mas importante para nuestras madres. Así que todo estaba ganado, me dieron permiso para ir con Sofi a la discotequita del hotel hasta las cuatro, era algo impensable, alucinante, en casa mi toque de queda no iba más allá de medianoche.
Una vez liberadas de nuestros padres, que se quedaron charlando con una copa y fumando en una de las mesas del hall, fuimos a ver el show que el hotel ofrecía cada noche. Aunque el seudo teatro estaba llenísimo pudimos sentarnos en primera fila, Sofi tenía muchos contactos y, sobretodo, muchos admiradores; aunque también paso por mi mente la sospecha de que era debido a una de tantisimas propinas de papa.
El show fue entretenido, mediocre según mi madre, que no lo vio. Cuando acabó varios de los bailarines vinieron a buscarnos para que fuéramos a bailar a una pista que había junto a la barra del lobby. Como no sabíamos muy bien que hacer les seguimos y bailamos con ellos un merengue, bueno, quizás ella lo bailó y yo mas bien se diría que me quede en el intento. Cuando, por fin, se acabó el baile fuimos a hablar con nuestros padres que, muy a mi pesar, habían observado la escena y no dejaban de sonreír y comentar mis grandes dotes de bailarina, sin duda habria ido a la par con Belen Esteban en Mira quien Baila….Tras unos largos e intensos minutos de escarnio familiar, que sin duda es el peor por aquello de que la confianza da asco, Sofi y yo les comunicamos que nos íbamos a la discoteca del hotel, a lo cual mis padres accedieron sin dudar creyendo, al parecer, que con mi sensual contoneo de caderas no se me acercarían ni los mosquitos, y eso que abundaban. Pero se equivocaban.
TO BE CONTINUED....

 

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Published on e-Stories.org on 10/14/2010.

 

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