Lucia Ayala

la jaula

Jaula
De repente abrí mis ojos, miré a mi alrededor, y me di cuenta de que estaba en otro lugar; al intentar caminar unos pasos algo me detuvo, mis piernas y brazos estaban encadenados. Yo no entendía nada de lo que pasaba, el lugar donde me encontraba solo habían paredes a los costados, y al frente solo se podía ver unas rejas. Había un silencio el cual parecía sepulcrito, el cual solo causaba que estuviera más nervioso, grité  varias veces pero nadie me escuchó. En ese momento me di cuenta que estaba completamente solo encerrado en ese lugar, el cual casi no era alumbrado por la luz del sol, en un lugar el cual era deprimente, sin vida, un ambiente frio, sin color alguno más que blanco y negro. Las paredes desgastadas blancas con algunos rastros de humedad, el piso hecho de cemento, las rejas eran de un negro muy oscuro, aunque parecían muy gastadas. Era un ambiente monocromo en blanco y negro.
Las cadenas estaban oxidadas, sentía como si me mantuvieran atando a esta celda, aquellas cadenas parecían estar ahorcándome, haciéndome sentir asfixiado, quiero soltarme de ellas, pero no puedo.
No tenía ningún recuerdo de mi pasado, ni de mi propio nombre, mi memoria parecía haber desaparecido por completo, ni si quiera podía saber quién era yo mismo.
Me aferré a mi mismo desconsolado, pensando como llegué a este lugar, sin obtener una respuesta, no podía recordar nada de lo sucedido.  De repente escuché unos pasos y vi a dos personas que me miraban parecían estar hablando, pero no podía oír nada de lo que decían. Uno de los individuos se me acercó y abrió la celda. En ese momento comencé a gritar: ¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí?
El otro hombre solo se limito a sonreír, dándome un golpe dejándome tirado en el piso.
Entonces me dijo enojado en tono muy agresivo: ¡cállate! Será mejor que no molestes- su mirada reflejaba odio, también me reflejaba lo peligroso que era aquel señor. Ese hombre era alto, tenia cabello castaño, sus ojos eran oscuros parecían muy fríos sin emociones, era delgado pero parecía tener un buen físico.
El golpe que me había dado hizo que me comenzara a caer sangre de la boca.
El otro señor dijo: será mejor que no nos provoques porque te irá peor. En ese momento se comenzó a acercar diciendo que de aquí no iba a salir hasta que hubiera pagado lo suficiente como para soltarme, será mejor que no nos faltes el respeto de nuevo, dijo mientras me golpeaba.
Después de eso se retiraron sin decir ninguna otra palabra, yo estaba atónito no entendía nada, porque iba a ser castigado. Comencé a sentir como la sangre salía lentamente de mi cuerpo, tiñendo mi ropa de un color rojo muy fuerte, podía sentir el cansancio y el dolor que había en mi cuerpo, pero no entendía nada de lo que pasaba, que había hecho para merecer esto.
De pronto comencé a sentir el frio a mi alrededor, pensé que debería estar oscureciendo afuero o tal vez se debía a que me sentía débil por la parte de sangre que perdí. De repente comencé a sentir como mis ojos se iban cerrando muy lentamente, sentí como si mi cuerpo se anestesiara, hasta caer dormido.
Un ruido me despertó y vi como otra persona entraba dejando un plato de comida y uno pequeño de agua. Se sentía muy débil como para decir algo, solo pude ver como esa persona salía de este oscuro lugar.
Pude ver que la comida era fruta podrida acompañada con un pequeño plato de agua, tenía tanta hambre que no dudé en comer aquella asquerosa comida, la cual me daba nauseas, intenté quitarme con el agua todo el mal sabor de mi boca.
Había pasado una semana desde que me encontraba encerrado, mi cuerpo estaba completamente destrozado, tenia moretones y heridas las cuales no paraban de sangrar, estar en este lugar era un martirio, cada día era lo mismo, experimentaba el mismo dolor y sufrimiento sin saber la razón, lo único que yo hacia allí era marcar con una piedra la cantidad de días que pasaba encerrado en aquel infierno.
Cada día era una lucha por resistir al dolor, por seguir viviendo, por poder aguantar otro día en el cual seguramente volvería estar aquí, en este lugar, solo sin poder escapar, escuchando las voces de mi interior las cuales invaden mi mente dolorida.
La cual repite esta frase continuamente: quisiera morir, quisiera morir, pero que sea lejos lugar.
Interrumpiendo mis pensamientos alguien abrió aquella jaula en la cual me encontraba, observe sorprendido y vi que aquella persona era una mujer, en ese momento dije:
¡Espera!- ella me observo esperando escuchar lo que iba a decir-¿Por qué estoy aquí?
Me miró, y me dijo: él lo ordenó, no puedo ayudarte a escapar por eso seguiré aquí, yo lo siento, lo siento, pero aun así yo debo seguir aquí. Al recibir tal respuesta pregunté:
¿Quién es él?
La mujer no me respondió.
Se retiró sin escuchar el resto de mis quejas, que había hecho para ser castigado, fue lo último que grite. Ella dijo en voz baja no lo sé, pero por algo estas aquí.
En ese momento lo único que pude decir fue: quiero volver a mi hogar quedando completamente inconsciente por la pérdida de sangre. Lo único que podía sentir estando dormido era el frio que me causaba la temperatura baja que había en las noches, las cuales parecían tristes sin poder ver aquel cielo el cual había olvidado, lo único que era capaz de reconocer ahora era el color rojo de mi sangre, era lo único que conocía desde que había estado encerrado en esta habitación vacía.
En ese momento entendí que sin importar cuánto gritara o esperara nunca nadie vendría a salvarme. Ya había entendido que seguramente iba a morir, no podía aceptar que iba a morir en una prisión podrida, si voy a morir que sea lejos de este infierno. Me sentía abandonado, en un lugar en el cual solo se podía esperar hasta que apareciera la muerte se apareciera delante de uno mismo llevándose la vida.
Al despertar no pude hacer nada más que lamentarme silencio, preguntándome porque a mí me tenía que pasar esto, no podía recordar nada de lo que pasó antes de que me encerraran.
Pude ver como las extremidades de mi cuerpo, y la mayor parte de él se encontraba atado por alambres muy finos, pero que al realizar un mínimo movimiento, sentía como el alambre cortaba mi piel abriendo nuevas y viejas heridas, bañándome, adornando, pintando mi cuerpo de un carmín, era una sensación la cual  me provocaba asco al pesar de que la sangre iluminaba y decoraba el ambiente monocromo, su aroma me causaba nauseas se sentía horrible, pero el color rojo era lo único que hacia bello el lugar, dándole aunque sea un toque de vida. Mi cuerpo se pudrirá y morirá en este lugar.
Me siento tan solo como un perro abandonado por su dueño, tan herido como animal, tan sucio como la basura, tan débil como un insecto, tan enojado, no sé qué hacer, solo puedo resistir este dolor, hasta el punto de no resistir, solo puedo arrastrarme como un simple gusano, intentando huir de un pájaro.
Solo puedo ver como extraños intentan dañarme, es lo único que conozco, esta oscuridad tan solitaria, la cual parece que me deja al borde de la locura misma, haciéndome perder la razón.
Todos los días eran una tortura tras otra, un día me clavaban clavos en el cuerpo, otro me quemaban la piel, otro me día habían practicado su puntería disparándome a mi herido cuerpo, otro me golpearon con un látigo, cada día una tortura distinta.  Cada día que pasaba, me parecía un año desde que me encerraron en esta jaula.
El olor a sangre se hizo algo normal para mi, aunque me sigue causando nauseas, no puedo entender como estas personas pueden hacer esto sin sentir una horrible sensación de asco, no ellos ya no son personas, pues para mí solo son unos son unos simples asesinos nada mas, tal vez antes tuvieron un lado humano antes, pero ahora ya no queda rastro de sentimientos en sus ojos, o único que pueden sentir algo, es cuando matan o causan sufrimiento a alguien, no son nada más que unos simples títeres vacios que son manipulados en esta oscuridad.
Ya  no le tengo miedo a los susurros de mi mente, total estoy solo aquí abandonado hasta la muerte, aunque no estoy del todo solo, pues a la miseria le gusta mi compañía.
No sé cuánto tiempo pasó desde que estoy encerrado, ya perdí la cuenta de los días y la pared está completamente rayada, cada día era más doloroso y difícil de soportar, ni si quiera sabia porque seguía vivo, porque debía seguir aguantando este dolor sin ninguna razón.
Ellos no me mataran todavía, porque parece que no tienen a intensión de matarme así de fácil, parece que quieren que mi muerte sea lenta y dolorosa llena de sufrimiento y agonía, y cuando ellos se cansen de jugar a esto me mataran, cuando ya parezca que no pueden hacerme sentir peor se desharán de mi, como si nada.
Me estoy hundiendo en un abismo muy profundo, cayendo en la oscuridad, no puedo volver atrás, sin importar cuánto grite nadie me escuchara, nadie se apiadará de mi, siento mi piel fría, nunca me gustó esta sensación, no quiero estar en esta soledad, no quiero hundirme en estas tinieblas, no quiero descansar bajo piedras. Siento como si poco a poco ya no tuviera nada, ya olvidé todo lo relacionado con aquella calidez que solía tener la vida, ahora solo sueño con mi yo de antes, pero no podré  volver, cayendo completamente en estos pensamientos, aferrándome a ellos desesperadamente, pero no llorando porque ya me lo habían quitado todo, tal vez esté vivo, pero me siento como un muerto, solo quiero que alguien venga y me salve. Sin embargo eso es imposible porque este lugar está cubierto de negro, por eso prefiero morir, pero no quiero que sea en este lugar tan frio como mi cuerpo, desolado, monocromo, triste como mi existencia en este momento, no hay nada que pueda hacer solo quiero recordar que se sentía ver la luz, la cual he olvidado, no conozco nada más que aquello rojo intenso que decoraba todo el piso, aquel dolor, quiero recordar cómo se sentía la calidez la cual no puedo sentir.
 No quiero estar aquí solo, no puedo ver, gritaré desde este abismo, sabiendo que nadie vendrá, no podré volver a ser el de antes, este sentimiento frio me mata lentamente. He desperdiciado bastante tiempo desde que estoy aquí cayendo, por descansar bajo simpes piedras, no podré saber que era sentirse vivo.
Han pasado muchos días, ya no sé si siento después del todo el dolor y humillación, no sé que sentir, no me quedare mucho tiempo en un lugar tan equivocado, en esta noche digo adiós, mientras me encuentro en el infierno, el cual no me atrevo a mirar con mis propios ojos. Digo adiós porque ya estoy muerto por dentro, aunque siga vivo físicamente por dentro estoy completamente muerto, no siento nada de alegría, ni conozco algún otro sentimiento además, del dolor, la agonía, la tristeza y el enojo
Me encontraba tirado y sufriendo en el suelo, todo esto parecía una pesadilla lo único que quería es que esto fuera un simple sueño, del cual quería despertar.
Ya no tenía la fuerza suficiente como para  poder moverme, tampoco soy capaza de sentir dolor, lo único que siento cuando me golpean es aquel liquido rojo que brota de mi cuerpo adornándolo de un bello pero cruel carmín. Lo único que veo en este lugar son sombras llenas de oscuridad, en esta jaula la luz no existe, pues dejó de existir hace tiempo, por eso no ya no tengo la esperanza de poder salir de aquí, moriré solo en este lugar solo rodeado por la oscuridad, habiendo olvidado el bello color del cielo, habiendo olvidado lo que se siente ser libre sin estar atado, olvidando que se siente sentir los rayos del sol.
Mi mente solo me repite: “quisiera morir, quisiera morir, pero que sea lejos de este horrible lugar”.
Creo que eso será imposible, pronto moriré ya no tengo fuerza para moverme, ya no tengo suficiente energía como para siquiera comer.
He olvidado lo que era la felicidad pues solo veo tinieblas, he olvidado mi pasado y no me molesto en pensar en un futuro pues este presente esta en blanco, ya no sé ni siquiera de donde vengo ni de donde soy, es como que el tiempo que estuve sufriendo acá me haya hecho olvidar todo el resto y no querer recordar.
Olvide lo que es sonreír porque ya no sé que es la felicidad, olvide que era llorar porque ya no tengo lágrimas que derramar.
Ahora en mi vida lo único que hay es un silencio fúnebre lo cual ya no me provoca nada estoy tan cansado de este sufrimiento, pero tampoco quiero morir, con el tiempo todo se hace mas borroso y la vista se me nubla mas, lo único que puedo escuchar son los ruidos de golpes.
Mi cuerpo completamente maltratado, mi piel completamente pálida por la pérdida de sangre, mis ojos sin brillo alguno, los cuales no muestran señal de vida solo de oscuridad. Me siento tan frágil, lentamente me iré desmoronando sin salida, esperando aquel final.
Parecía como si este fuera mi único hogar, el pecho me duele, no puedo escapar de este infierno en vida.
Mi mente otra vez volvió a repetirme frases: “quiero escapar, quiero escapar, quiero volver a mi hogar”. No puedo salir de este lugar, seguro pronto moriré ya estoy al límite, puedo sentir como me cuesta respirar, siento cansancio ya no duraré mucho en este lugar. Se me comenzaron a cerrar mis ojos.
Lo único que oía resonar en mi mente mientras dormía, era no moriré aquí, saldré de este lugar, no quiero morir aquí, no puedo escapar de las voces que desgarran en todo mi interior, porque mi mente tiene estas frases que no se cumplirán.
Unas voces de personas que hablaban entre si me despertaban de mi tranquilo sueño, del cual pensé que nunca saldría. Vi como se me acercaron las dos personas con un cuchillo en la mano cada una, me agarro cada uno de una muñeca y me cortaron las venas, no pude sentir dolor alguno, solo pude ver como todo se iba manchando de un rojo oscuro, a tal punto que apenas podía ver lo que pasaba a mi alrededor.
Después me fije como ellos se acercaron y me despojaron de las cadenas que me ataban los brazos y pies, luego uno alzo mi cuerpo frio y casi muerto, ya no tenía fuerza para hacer algo, así que simplemente trataba de no desvanecerme para poder ver mi final. Mi vista estaba muy borrosa no podía distinguir casi nada, mi respiración se iba deteniendo lentamente al igual que el pulso de mi corazón, mientras ese alguien me llevaba. Pronto los pensamientos que había en mi mente se iban borrando a medida que sentía que todo paraba, que todo llegaba a su fin, tan muerto. Mi cuerpo completamente decorado con un rojo, mi piel pálida tan fría como el hielo, mi mente tan vacía y blanca, mis ojos los cuales no mostraban vida, todo mostraba lo indefenso que era en esos momentos. Podía sentir como si el tiempo se estuviera deteniendo eternamente para mi, en el cual yo solo estoy manchado de sangre, sintiendo como cada gota de ella cae lentamente de mis brazos.
Pude ver una puerta en medio de esa oscuridad vacía, la cual estaba llena de soledad al igual que yo en ese momento yendo a un lugar siendo acarreado por alguien, sin saber donde me van a dejar.
Comienzo a ver una gran puerta marrón de madera, vi como uno de ellos la abría lentamente, dejando pasar una luz la cual alumbraba a mi cuerpo, la cual le daba una sensación cálida a este frio que sentía, la cual me dejaba ciego y dañaba mi vista.
Pude comenzar a sentir la fresca brisa del viento que golpeaba mi rostro, haciendo que mi mente quedara en armonía, dejando solo un color blanco puro, sentí como todo lo que había en frente se iba siendo borrado por ese blanco, poco a poco perdiendo la visión de lo que pasaba, pero a pesar de eso podía sentir lo que pasaba a mi alrededor.
Sentí como mi cuerpo  fue dejado en el suelo, podía sentir el viento, pude ver la luz del sol, pude ver aquel bello cielo azul, pude sentir la hierba que tocaba mis manos, todo era tan distinto a ese infierno en el que había estado. Un sentimiento de nostalgia y felicidad recorrió mi cuerpo el cual estaba por abandonar la vida, una lágrima salió de mis ojos acompañada por una pequeña sonrisa casi invisible. En ese momento sentí como mi cuerpo fue arrojado a un lugar y como mi corazón dejo de latir, sentí como mi respiración se detuvo, estaba muerto, tan muerto pero igual me sentía vivo por dentro.
Este es mi final solo completamente abandonado, pero feliz lejos de ese horrible lugar, habiendo visto y sentido por última vez lo que era estar vivo.
A pesar de haber muerto sentí como si hubiera vuelto pero como otra persona, no como mi antiguo yo que recordaba en mi memoria.
Para alguien como yo que estuve encerrado todo este tiempo, para alguien como yo que había olvidado todo, morir así era algo feliz. Tan satisfecho pero vacío por dentro, debajo de la tierra, pudiendo descansar, tranquilamente y de manera eterna. Sin preocupaciones pues muerto estoy, habiendo abandonado lo vivo, solo con un recuerdo, la última vez que pude ver aquel bello azul, lo único que quedó marcado en mi alma fue ese sufrimiento, el cual me mostró al final que bello puede ser el mundo. No tengo nada que lamentar, pues mis únicos deseos han sido cumplidos. Después de todo este sufrimiento pude sentir una simple, pero verdadera felicidad.  He encontrado la luz al final de un túnel oscuro.
 
 

 

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Lucia Ayala.
Published on e-Stories.org on 09/19/2014.

 

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