Macario Gallego Domenech

El guía y el turista

~~El guía y el turista

Cuando  Fernando entró en el aeropuerto de Estambul lo hizo relajado, satisfecho de sí mismo.
En una maleta mediana llevaba todas sus pertenencias y no tenía ninguna intención de facturarla. Sabía   que Barajas era a veces un auténtico caos y que no siempre llegaba a su destino. Es cierto que aparecía después de varios días pero, eso no quitaba las molestias de tener que esperar hasta que terminaran de salir todos los equipajes , ni la cara de  memo que queda   mirando la cinta  ya completamente vacía. En fin, había decidido que esto no le volvería a ocurrir.

  Ahora viajaba solo con lo imprescindible y lo entraba con él como equipaje de mano.
Esto lo había hecho en las tres últimas salidas y le había  resultado estupendamente.
Pero ahora Fernando , no solo era un experto viajero, también se consideraba un versado turista. Dispuesto siempre a sacar  el mayor provecho de las situaciones, le gustaba exprimir al máximo todas sus oportunidades de diversión.

Cuando la tarde anterior, el guía ,  le propuso como fin de fiesta una juerga nocturna para que conociera las interioridades de Estambul, no lo dudó ni un instante. Los dos eran jóvenes y con buena presencia, seguro que todo se les daría de maravilla. Además,   sería una oportunidad única para disfrutar de lugares exóticos y experiencias desconocidas.

La verdad que este Mohamed le había resultado fantástico. Y eso que no siempre hizo caso de sus consejos. Estos guías, creían saberlo todo pero él ya se conocía sus trucos.

Menuda alfombra había comprado. La tendría en Madrid en menos de una semana ¡ y le había costado 50 euros menos que a un compañero en la fábrica que les había llevado la agencia! La verdad , en estas visitas se llevan su comisión, y claro, la tenemos que pagar nosotros.

Lo curioso era lo bien que encajaba Mohamed sus cosas. Siempre sonriente y amable parecía que todo le diera igual. Era lógico que buscara su amistad.

Solo una vez lo notó tenso, como si tuviera que hacer un esfuerzo para contenerse. Fue el día que en tiempo libre Fernando   desplegó ante sus compañeros todas sus arte dialécticas para convencerlos a que vinieran con él a un restaurante que unos amigos de Madrid le habían recomendado. Fue todo un éxito. Casi la mitad del grupo se fue con él en lugar de ir al propuesto por Mohamed.
La mayor gozada fue cuando ya todos juntos comentaron las incidencias.
¡Un sitio estupendo!. La verdad es que merecía la pena. No hay nada mejor que hacer las cosas por su cuenta para conocer los mejores sitios.

Después de esa primera chispa de contrariedad, la cara de Mohamed se volvió cada vez mas sonriente.
Sin duda era un buen guía. Contaba anécdotas y chistes que a todos gustaban. Fernando  disfrutaba con lo que el creía justa deferencia  con que le trataba. En mas de una ocasión le pasaba el micrófono para que contara  alguna cosa y que, por supuesto, hacía encantado.
Pero ¡la última noche!. Esa sí que la recordaría toda la vida.

Lo primero que hicieron, como si de una gran ceremonia de purificación se tratara, fue ir a los baños.
-Ya estamos limpios de cuerpo- dijo Mohamed – ahora buscaremos los placeres del alma.

Entraron en un exquisito local, donde, después de unas breves palabras del guía con la encargada fueron conducidos a una habitación de ensueño. Allí dos mujeres que Fernando creyó serían Odaliscas,  les esperaban.
Compartieron la enorme pipa, respiraron los vapores del opio y también hicieron el amor envueltos en una especie de éxtasis de paz y placer.
Ahora solo se acordaba de algún que otro detalle, pero, era tan agradable que le hubiera resultado imposible traducirlo a palabras. Se quedó mareado en pleno cielo de una borrachera. El bueno de Mohamed se ocupó de llevarlo al hotel y de despejarlo lo más posible para que prepara su viaje de vuelta. Desde luego que no olvidaría nunca.

Estaba pasando uno de los controles del aeropuerto. Su pequeña maleta entraba en esa especie de cámara obscura mientras él se adelantaba para recogerla. Cuando ya la tenía delante es cuando oyó unos precipitados pasos mientras una fuerte voz le indicaba:
-Espere, espere un momento.
Dos hombres uniformados se acercaron rápidamente. Uno de ellos parecía conocer bien el castellano.
- ¿ Por favor quiere abrir su maleta?
- Por supuesto que sí- dijo Fernando con toda tranquilidad pues sabía que no tenía nada que ocultar.
Los policías removieron los objetos. Todo parecía estar en orden hasta que les llamó la atención una pequeña caja. Al abrirla no tuvieron duda de haber encontrado lo que buscaban..
Después todo ocurrió con mucha rapidez. Lo llevaron a varias dependencias donde ambos policías intercambiaban unas palabras con otros funcionarios y que él no logró entender.
Ahora, estaba solo en una pequeña dependencia junto a su maletín totalmente revuelto.
Le llamó la atención un sobre que, estaba seguro, él no había puesto allí. Dentro había una carta primorosamente escrita. Era de Mohamed.

Estimado Fernando:

 No siempre tengo la ocasión de encontrarme con un cliente tan maravilloso y simpático como tú. Gracias a ti he aprendido mucho en mi profesión, por eso, y en equitativa compensación quise que disfrutaras los verdaderos placeres que pocos turistas conocen.
Se que te gustó ese viaje fantástico que solo algunas sustancias proporcionan' por eso, me he permitido regalarte una pequeña cajita. De esta manera podrás impresionar a tus amigos, que verán asombrados, como todo lo que cuentas es cierto.

El único problema es la aduana. Ya sabes que aquí se castiga con fuerte penas el llevar droga y mucho mas, sacarla. Pero eso no debe importarte. Ya se que tu no tienes que facturar y en este aeropuerto el equipaje de mano nunca se revisa. A no ser, claro está, que alguien de un chivatazo.
Pero, ¿quién va a saber que tu la llevas?
Fernando  siguió leyendo la carta mientras escuchaba un rumor de pasos que se iban acercando al mismo ritmo que aumentaban los ya desbocados latidos de su corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Published on e-Stories.org on 02/20/2015.

 

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